miércoles, 29 de diciembre de 2021

Joe Meek and the Blue Men - I Hear a New World (1960)

Se va el año. Creo que, en mis tiernos 33 años cabalísticos en este plano terrenal, ha sido el año más corto que he vivido. Pero sobrevivimos, sobreviví, y aunque trajimos 8 posteos con música, siete más que el año pasado, el año me pasó volando al lado, zumbando como una bala en el Somme y arrancando parte de mi carne en el trayecto. Este año me tocó a mi dar el cierre a una suerte de microrelación, pero en ese "fortalecimiento" siento que perdí harto. Como un soldado que mira al horizonte tras su primera lluvia de morteros, con el tiempo no siento nada y mi mirada se pierde en un vacío sin fondo. No congenié siquiera con los part-time, fue muy raro todo. Y los días pasaban como gotas de lluvia por la ventana e intentaba tocarlos, pero estaban al otro lado del vidrio y el calor de mis dedos aumentaba su fluir en descenso. Pero eso es lo que la sociedad quiere. Ya, pero pa no dar la cacha recordando weás de principio de año que pegaron pa largo... ¿cómo estuvo Yule? Espero que Papá Puerco se haya rajado con una buena provisión de ropa interior y una hora pagada al psicólogo, los dos regalos más preciados si pasaron la barrera de los 25. Y en lo positivo, igual fue una buena semana mal llamada año, con hartos juegos jugados, libros leídos y películas vistas. Todo en una semana.

Hoy es el último post del año, he ahí lo nostalgicón. Igual quedan dos días, facilmente podría improvisar otro mañana, pero sé que la paja siempre será más fuerte. Además llevo tanto flojeando en la escritura, sin escribir una sola puta corrección, siquiera, en los cuentos culiaos que tanto dediqué en crear, y tan sumido en la w33d m33n que siento haber perdido parte de mis sinapsis creativas, que esto puedo considerarlo un trabajillo digital y deducir impuestos o lo que sea que hacía Flanders con las cosas que usaba en el Zurdomercado, no me acuerdo, perdí el hilo, falló la talla. ¿Había talla? Ya ni sé, maestro.

Este post, ese disco, tiene una suerte de historia rara, de esas que les gustan a algunos de ustedes. Versa sobre un concepto musical, un viaje por el éter y un hombre, uno que miraba a las estrellas con curiosidad y levantaba una mano amistosa, saludando a quien viviera allá arriba. Años más tarde, esa mano sostenía una escopeta contra el pecho de una mujer para luego desatar el trueno contra sí mismo. Así empezaba y terminaba la leyenda de Joe Meek.



Joe siempre fue bueno para la electrónica. Juntaba cachibaches electrónicos en el taller de su casa en Gloucestershire, Inglaterra, sirvió como técnico de radar en el ejército y debutó como ingeniero en audio en una radio independiente. La electrónica y los sonidos eran su pasión. Y los fantasmas. Y los extraterrestres. Y molestar a los vecinos con música. 

A mitad de los 50, entró a trabajar en Estudio Landsdowne de Denis Preston, presentador radial, crítico de jazz y productor. Ahí el trompetista Humphrey Lyttelton, un nombre que debiera sonarle más o menos a los parroquianos y a fans de Radiohead (el solo de trompeta fúnebre en Life in a Glass House), grababa Bad Penny Blues y el joven Joe, llevándole la contraria, comprimió el sonido del piano y lo "trajo al frente", en el sentido de dándole más escena al instrumento y sonoramente otorgándole un tono más robusto, casi de bar. Ese tono terminó siendo la base para Lady Madonna de los Beatles, según dicen. No sé, yo solo recuerdo el piano de Hey Bulldog. El encargado de la edición era Preston, pero Meek fue quien fue recordado por la decisión que convirtió al single en un número uno. Lamentablemente, las diferencias en el trabajo fueron más fuertes y Meek se mandó a cambiar. Bueno, no tan lamentablemente. Después de eso, se alió con otro productor y con algo de financiamiento fundaron Triumph Records... que tampoco prosperó mucho. Aquí hay dos puntos a considerar: 1) su temperamento de mierda. Meek sufría de trastorno bipolar y esquizofrenia. Me arriesgo diciéndolo, pero es muy probable que sus trastornos mentales se agravaran con el paso del tiempo debido a su homosexualidad reprimida. En los 60 aun era castigado con cárcel el ser gay y, en su mente paranoica, todos querían perjudicarle y sacarle del closet en público. y 2) si bien Triumph produjo pocos discos, con un solo hitazo, hoy en día los álbumes sobrevivientes son material de coleccionistas. Ergo, a cagar de caros.

Pero los 60s continuan su paso inexorable en el psicodélico Swingin' London y el amor de Joe por la música nunca para. Comienza a trabajar desde su estudio casero, molestando a los vecinos de abajo, editando unos números uno y, de paso, mandándose tremendos cagazos. Porque así como Ulises se pifió al matar al ganado para holocaustos de Helios, a pesar de todas las advertencias, Joe Meek también se equivocó feo más de una vez. En una ocasión, se le ofreció trabajar con un joven melenudo, un tal David Jones, pero a pesar de haber grabado algunos temas, no le gustó. Tiempo más tarde, ese greñudo sería conocido como David Bowie. Otro día, Brian Epstein le mostró el demo de una banda de Liverpool: no es necesario decir quienes. Dijo que ni se moleste en firmar con "otra banda más que solo hace ruido y se roba los trabajos de otros". Otra vez, escuchó cantar al juvenil Rod Stewart, se tapó las orejas, se puso a gritar y le dijo a la banda acompañante que los firmaba, pero que se deshagan del pendejo. Y así.

Algo que le interesaba mucho a Joe era el espacio. Los 60 fueron de principio a fin la década espacial. Los satélites surcaban la termósfera y exósfera, los rusos mandaban animales y hasta personas al espacio y los gringos trasladaban la competencia al nivel técnico. Pero mientras el mundo se preguntaba si la luna estaba hecha de queso de cabra o camembert, Joe levantaba la vista y esperaba que las estrellas albergaran otros sistemas solares con vida inteligente. Su sueño era el contacto con otra especie, el intercambio de tecnología, sentirse menos solo en el universo. Pero en la escena artística musical poco se veía de eso. Las radios estaban llenas de jazz, surf rock y garage rock, más interesados en la vida hedonista británica y de la costa oeste gringa que en levantar los velos de la atmósfera y divisar quien se mueve más allá del éter cósmico. No habiendo interés en el mercado en sacar algo así, en satisfacer sus ansias y curiosidad, Joe llama a una banda de skiffle (una forma de jazz, blues y folk con un sonido muy casero) llamada Rod Freeman & The Blue Men, abreviada a The Blue Men, y escribe, compone y produce un concepto considerado "música de fantasía del espacio exterior". Y dándole un tono profético a su visión proto-futurista del espacio, lo titula  "I Hear a New World".

Hay algo curioso a saber sobre la técnica de composición de Joe Meek. Él no tenía idea de teoría musical ni composición. Solo tenía ideas y cuando estas llegaban, pescaba una grabadora y tarareaba el ritmo o la melodía, según el mensaje cósmico que le llegase. Hay registros, de hecho, de un demo vocal de su hitazo Telstar, en un compilado de música outsider llamado "Songs In the Key of Z". Quizás algún día lo suba, ese concepto artístico me gusta caleta, pero igual está en Spotofiel, aplíquenle ahí por mientras. La cosa es que después este tarareo era reinterpretado por la banda, que bajo la dirección de Meek se concluiría si iba por ahí la música o no.

Grabado aún en Lansdowne (pero publicado por Triumph), las sesiones parecían más la confección de un collage que músicos tocando en un estudio. Joe estiraba cintas, chocaba botellas, soplaba burbujas, sorbía agua por una bombilla, la tiraba por el drenaje y hacía cortocircuitos, para luego editar, recortar, acelerar y alterar todo al punto que los sonidos caseros eran irreconocibles. Esa era la parte "alienígena" del disco. Porque él sabía que algo completamente bizarro no tendría cabida en los oídos terrícolas, así que, bajo su dirección, los Blue Men tocaron algo de un protosurf rock, skiffle y una suerte de pop barroco desnudo de orquestas. La megabanda eran los tonos juguetones y los susurros inquietantes de Meek. La suma terminó siendo un viaje sonoro a un mundo extraterrestre imaginario, que el vocalista Rod Freeman nos presenta como un mundo nuevo que le llama. No hay diferencia entre este disco y Los Supersónicos. Son visiones optimistas y aventureras de vida futura, una ventana abierta a un amanecer soleado en la exploración espacial. Y la voz de Freeman se distorsiona y acelera, como la de Alvin y las ardillas, a un ritmo estival y relajado. Pero entonces vienen las vibraciones magnéticas, las partículas en suspensión y la estática espacial con "Orbit around the Moon". Dicho esto, creo que el viaje imaginario iba a la Luna. Será. Lo importante es ese ritmo pegajoso y pre-psicodélico, muy en la onda de The Tornados, otra banda al alero de Joe.

Y así se van sucediendo escenas extrañas y caricaturescas, como la marcha de la "Entrada de los Globbots", donde solo puedo imaginar seres como esas masitas blancas de Los Herculoides marchando alegres en baja gravedad ante astronautas retro. Lo mismo en la "Marcha de los Dribcots", con más especies dignas de los viajes más psicotrópicos de Hannah-Barbera. Para los fanáticos de Mr. Bungle (que citan a Joe Meek como una gran influencia para su magnum opus Disco Volante), hay una pieza reconocible: "Love Dance of the Saroos", que tocaban en vivo en las giras del disco mencionado. "Glob Waterfall" es la sección más vanguardista del disco, dependiendo más de los efectos sonoros rítmicos de estudio que de la instrumentación, donde un piano fantasmal y un platillo final otorgan el cable a tierra. No estoy seguro de si "Magnetic Field" será una adelantada a su época, pero el ambiente creado por la estática en la cinta y los efectos ya irreconocibles tienen un remoto parecido al "sonido" de los campos magnéticos planetarios. Ya entrando el bajo, la batería galopante y el pianito a la Jean-Jacques Perrey nos tomamos pa la chacota el flotar en este límite gravitacional en que el cuerpo levita y da tumbos en el vacío. "Valley of the Saroos" es casi una balada playera, pero en las playas del Mar de la Tranquilidad, si me preguntan. Si, nadie lo hizo, pero en el espacio no hay sonido. Excepto el que está sonando ahora, ese doo-wop lejano y ajeno, en que el reflejo de la Tierra baila en los mares lunares (son los 60, el público cree esas weás aún, no le maten la magia a los viajeros en el tiempo que lean esto). Y así, pasando por la alegre y ascendente "Disc Dance of the Globbots", hasta la ambiental y melancólica "Valley of No Return", donde termina nuestro viaje de media hora.

 

Que bueno que antes mencioné a Telstar, otra obra suya, porque es la melodía definitiva de este movimiento gringo futurista positivista sesentero, con su arquitectura googie, cohetes puntiagudos y mujeres con poca ropa y tremendos peinados, flotando sonrientes en el espacio. Pero primero, cerremos la sesión de ouija del "I Hear a New World". Joe lanzó parte del disco, solo las primeras cuatro "canciones", en un EP de 7 pulgadas limitado a 99 copias. Incluso pensó en sacar una segunda parte, pero los conflictos con Triumph que les mencioné y su posterior partida mandaron todo al carajo. Pasaron décadas, 30 años para ser casi exacto, para que RPM, sello de la discográfica independiente Cherry Red Records y que no cacho como tuvo acceso a las cintas, publicara el disco en su integridad. La versión que traigo viene con material adicional, para que no demuestre pobreza, como dice mi mamá: unas entrevistas a Joe Meek donde habla un poco sobre la historia que les conté. Cualquier diferencia con mi versión, él está equivocado.

Ya, retomando lo de Telstar, este tema de The Tornados lo definió como compositor de la era espacial, lo que es raro, considerando que los Tornados solían tocar volás onda The Shadows, como ese western de guitarra y surf rock instrumental. De hecho eran rivales, como Los Beatles y Los Rolling, o los escoceses y otros escoceses. Para mayor vanguardia, el tecladito que suena es un clavioline, una suerte de padre o algún pariente en primer grado del sintetizador. Pero alguien en Francia no estaba feliz con el éxito de Telstar. El compositor Jean Ledrut acusó a Joe de plagiarle su "La Marche d'Austerlitz" de la película Austerlitz, que salió el mismo 1960, mientras que Telstar debutaría dos años después. Por esta demanda, Joe no pudo recibir regalías por Telstar hasta 1967, lo que perturbó aún más su frágil estado mental. Acá hay dos problemas a considerar, y vuelvo con los puntos: 1) La Marche y Telstar suenan MUUUY parecidos. Mucho.

 Para muestra un botón, decían los abuelosaurios.

 


 PEEEERO 2) Meek no sabía que Austerlitz llegó a Reino Unido recién en 1965, por lo que era imposible que él hubiese escuchado la banda sonora antes. ¿En un viaje a Francia, dicen? Nunca lo hizo. ¿Lo escuchó en Youtube, dice alguien allá atrás? Ándate a la conchetumare. Pero el pobre Joe nunca supo de eso. Y esa espina se le gangrenaba en el cerebro.

Su paranoia crecía. Una vez acusó al cochinón Phil Spector, a pito de nada y en plena conversa amistosa, de estar robándole sus ideas, a pesar de que sus técnicas de edición eran muy diferentes (Spector es el padre del "muro de sonido", ese mamut orquestal que se escuchaba en la música pop sesentera, y difiere harto del recortar y pegar eterno de Meek). También, en una nota más ligera, grababa sonidos en los cementerios para escuchar a los muertos y más de una vez quiso grabar la voz del difunto Buddy Holly. Las anfetas poco ayudaban. Como dije, su paranoia crecía y no paraba.

Un 3 de febrero de 1967, la casera del estudio improvisado que alquilaba en 304 Holloway Road le alegó por el ruido de su piso. También porque le debía 14 meses de la renta desde hace mucho. Tiempo antes, Joe le había quitado una escopeta con cartuchos al bajista de los Tornados Heinz Burt, quien la usaba para matar pájaros mientras andaba de gira. Junto a Meek estaba su asistente Patrick Pink. Él prefirió quedarse en el primer piso para eludir la discusión. En el segundo piso, dentro del estudio, Joe estaba confundido y agobiado por su constante delirio de persecución. La discusión aún no terminaba cuando Patrick escuchó un trueno. Vio el cuerpo de Violet Shenton, la casera, caer por la escalera, muerta de un tiro de escopeta. Apenas Patrick la tomó en sus brazos, un segundo disparo estalló desde el estudio; esta vez Joe Meek. Se suicidó de un tiro en la cabeza.

Tres semanas después, la corte falla a favor de Joe y puede volver a cobrar regalías por Telstar. 


Fue un viaje triste, pero hay mucho más allá de esta historia de altibajos. La vida y obra de Joe Meek es bien interesante, búsquenla por ahí, porque cacharán que biógrafo no soy porque hago las weás gratis y escribo en un lapso limitado de tiempo antes de irme a acostar para continuar con mi extenuante vida de vendedor de retail de día y escritor enmascarado de noche. Bueno, mientras tanto, disfruten de esta joya que a estas alturas ya parece ser retrofuturista, sobre un futuro que no vivimos y ya no nos tocó. Pero  ¿que se pierde con imaginar? ¿Acaso no es este mundo horrendo el fruto de la imaginación distorsionada de otros y muchos más? El resto podemos soñar uno nuevo, miles nuevos, y vivir en ellos gratis. Usen opio, usen meditación, usen la escritura, nadie nos puede negar a usar la herramienta de creación masiva más grande del mundo animal.

¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO SOL INVICTUS Y AÑO NUEVO!

Con amor, Alsophocus.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Estradasphere - Palace of Mirrors (2006)

 Traigo noticias bacanes. Fui al pichiologo y estoy libre de cálculos, el colesterol estaba rozando lo peligroso, pero decente, y no me tendrán que cortar la tula. No completa, al menos. Pero la mejor noticia, la de verdad, la que ocupa la mitad del horario del noticiero antes de las de perritos y después de los cogoteos, es que hoy (casi) se cierra un ciclo. El ciclo del eterno retorno se muerde la cola y rueda colina abajo por la Historia. ¡Hoy subo el último disco de estudio que me faltaba de EstradasPHEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!


 

Como siempre, no les vengo a vender, les vengo a regalar para los que esperaron (nadie) y los que vienen recien sintonizándose (nadie) una maravilla de la fusión musical, porque llamarla rock progresivo o rock fusión limita mucho las cosas con Estradasphere. Eso lo aprendí con el tiempo. Hablando de tiempo sí, usa mucho los tiempos del rock, pero estos Victor Frankenstein de la música toman tanta melodía, tanto ritmo, de tantas partes que te entregan una maravillosa macedonia bien presentada, en vez del paquete de frutos secos surtidos que otras bandas, no menos buenas, entregaron en los 90 y 2000, refiriéndome a la cúspide de la fusión de la Costa Oeste gringa. Me limito al área por su locación, con el resto del mundo no me meto porque salgo quemado y sabiéndolo muy bien.

El año es 2006. Si tienen mi edad, estabamos en el liceo y pensábamos, como muchos, que Guns n Roses y Rata Blanca eran el tope de la música "inconformista", "no de moda". Já. Es verdad, muchos lo pensábamos. Bueno, yo no pensaba eso de Rata Blanca, nunca me gustaron esos wimpies (ah, pero esos wimpies de Mägo de Oz "si se podían ver"...), pero siendo uno un adolescente pollo que va descubriendo el mundo más allá de la esfera familiar, se avanza lento. Es por eso que, para mí y estos otros coetáneos, conocer algo más elaborado era difícil. Por eso muchos sin el primo snob o el tío que escucha weás raras al que los sobrinos respetan, pero los adultos eluden, no pudimos saber que weá fuera de lo común pasaba en los 2000s en la escena musical gringa, exceptuando las locuras del señor Patton. Con el tiempo, nos convertimos en ese tío. Pero no me distraigan de la weá.

El año es 2006, otra vez. Estradasphere, esta bandaza que recordemos la conformaban Timb Harris (violín, trompeta y voz), Tim Smolens (bajos y voz), Jason Whooley (sax y voz), Dave Murray (batería), Jason Schimmel (guitarra, otros de cuerda y voz) y Lee Smith (percusiones), había lanzado tres discos bajo Mimicry, el sello de Trey Spruance, a quien conocemos como la cabeza ideológica de los Secret Chiefs 3. Bajo esta mancomunidad, varios cabros de la banda tocaron y grabaron con los SC3, otros hacían de sesionistas en otras bandas. Las giras no paraban. Los cabros viajaban al extranjero llevando su música balcánica/surf/jazz/metal y todas las weás que le puedan encontrar y hasta sacaron un DVD con uno de sus conciertos/exhibición cinematográfica, trayendo del mundo de los idos a Dave Murray, que se había ido después del Buck Fever para iniciar su propio proyecto, llamado The Deserts of Traun, un disco conceptual de narrativa musical muy inspirado por los cómics de Moebius (hace años había un videomix de su disco The Lilac Moon en Youtube y lo bajaron, pero les hablo del 2009, mahoma. Ahí se veía lo que les digo). Dos años antes, en 2004, un año después de sacar Quadropus, Whooley también deja la banda y se enfoca en su proyecto Whoollicious. Ni cortos ni perezosos, la banda los reemplaza por Kevin Kmetz (guitarra y teclados) y Adam Stacey (acordeón y otros), que pasan a formar parte del inventario. Pero algo pasó el 2005 que (no tengo idea por qué, no encontré información al respecto en la pajera búsqueda que hice entonces y ahora) su excelente DVD Passion for Life es el último trabajo audiovisual con Mimicry y se lanzan con The End. Adelantándome un poco, me pregunto ¿por qué las bandas van a morir a The End? Sleepytime Gorilla Museum hicieron exactamente lo mismo. ¿Es por el nombre?

Entonces, el año es 2006. Ahora sí que lo es. O quizás 2005. Los chiquillos se reunen y pulen composiciones que han probado en vivo y en estudio. Nunca hubo un plan temático en los lanzamientos, pero visto desde lejos, los árboles parecían un bosque y el bosque parecía dibujar un patrón. En It's Understood, los Estradasphere tiraron toda la carne a la parrilla en cuanto a lo que sabían y podían tocar. Todo lo que se vería después, pero en una amalgama muchas veces cómica, casi pastichista, de fusión extrema a la Mr. Bungle en instrumental. Buck Fever hace malabares con jazz y metal a varias manos, con una edición bien limpia y una exploración del potencial del hombre como máquina tocadora de música. Quadropus relaja la raja, muestra varios estilos, pero suele equilibrarse en dos o tres por tema, con una buena dotación de pop entremedio. ¿Qué falta ahora? Los cabros son músicos bien entrenados, cada uno un capo en su área. Murray metía el metal (cuando estaba), Harris lo gitano y balcánico, Smolens toda la influencia que tomó de Brian Wilson y así. Ahora, quizás, solo quedaba implosionar. Quizás siempre fue la idea. Una supernova de todo lo que habían hecho y lo que faltaba. Y así nace Palace of Mirrors.

Los discos de estudio de Estradasphere son caleidoscópicos, como dije y como hemos oído. Pero pocos tuvieron el encanto, la elegancia y eclecticismo del Palacio de los Espejos. Pasada la breve introducción electrónica bien titulada Intro, entran violín, viola y cello con un timbal que presentan el tema que le da nombre al disco. Una composición orquestal que roza entre lo clásico, el baile de salón (pongámosle que como un muy dramático Johann Strauss II) y quizás banda sonora, por la cantidad de ánimos y sensaciones que transmiten los pocos, aunque intensos quiebres. Belleza no le falta. No obstante, es una pieza comprometedora, porque abre tan magníficamente que queda preguntarse ¿y el resto lo supera?

O sea, si esperas otro vals o que de pronto se saquen un Haydn mutante de la manga, están cagando fuera del tiesto. Esto es el barrio chino Estradasphere, esperen la vuelta de tuerca. Y la vuelta de tuerca es lo que se viene. "A Corporate Merger" es de esas piezas clásica de la banda, o sea, en esa onda, con harta melodía gitana, saltos al heavy metal o al bossa nova, esa composición a ratos avant-garde y muchas veces de fusión impensable y un shamisen (instrumento de cuerdas japonés, con un sonido que cacharán apenas lo oigan solo sabiendo que está, sin siquiera verlo) que se encuentra bien cómodo entre los sonidos cíngaros. La escuchas y en sus 8 minutos que pasan volando ya sabes que hay un clásico fijo para tocar en vivo. Y hablando de tocar en vivo, y hablando de violines barrocos, y hablando de clásicos, llega "The Terrible Beautypower of Meow", una pieza tan bacán como su groso nombre. La parte de los violines es una maravilla cuando entra la guitarra, en serio. Es tanto chistoso como tierno. Termina un dramático crescendo de violas y bam, guitarra surf. Y las percusiones muy intensas, muy en la onda Beach Boys experimentales. La única imperfección que tiene esta composición es su duración: los 4 minutos vuelan. Pero puta que es recargante. Y como es una pieza sobre un gatito y el "bellopoder" de su miau, es el tema principal de Shub-Niggurath, mi bebé gatuna.

La onda surfer, junto con un montón de cambios drásticos de atmósfera y estilo, se deja oir en "Colossal Risk", una bestia que combina música de películas de espía, jazz, surf rock y nuevamente el aire sutil de la bossa nova que aparece cuando menos lo esperas. La pieza siguiente es rara, un cúmulo de percusiones vanguardistas, casi como esa fase media noise y tétrica que tuvo Universe Zero en los 2000... o cualquier banda industrial primitiva, para no rebuscar tanto, pero quiero saltarme al tiro a la pieza brutal del disco. Una pequeña belleza llamada "Smuggled Mutations".

"Smuggled Mutations" tiene una suerte de historia, que supe hace poco (tener a Tim Smolens en Facebook y tener aun Facebook sirvió de algo) y me ayudó a entender la historia pasada de los Estradasphere. Resulta que, como muchos guiños balcánicos y gitanos que usa la banda, la melodía original es folklórica, pero el arreglo, retocado posteriormente por los cabros, viene del trabajo de Fishtank Ensemble, una banda californiana de música gitana que no se queda corta en talento. Así que Estradasphere toma esta Suite Romanie, acorta un poco el intro emplumado y, con violín, un címbalo húngaro y la tuba, entra el cuerpo rítmico y melódico de "Smuggled Mutations". La pieza original, como toda la música gitana buena, es acelerada y festiva, como pocas del catálogo de Goran Bregovic, pero si algo nos ha enseñado la música en el siglo XX es que, si se puede hacer más rápido y meterle más, ¿por qué no hacerlo? Sí, a veces mejor no hacerlo. A veces no funciona. Pero Estradasphere, la banda mutante, sabe mutar este "contrabando".

Timba Harris es la encarnación del diablo tocando el violín. En youtube está el video en vivo y me cago en como ese weón puede tocar sin fallarle. Quizás a veces se comerá una nota, quizás dos, pero nunca se notan al punto de desteñir. El weón es Paganini en lo rápido, aunque no le aplica a octavas tan alejadas. Aun así mi amor para él. Y para la banda por liberar a este Godzilla gitano metalero.

Pero volviendo a la vida real, "Six Hands". Nada que decir, en realidad. Un vals oscuro cuya melodía es la misma que acompaña la cola de The Dynasty en el ya posteado Orange Tulip Conspiracy. Igual no es que no sean la misma banda. Así que pa menos paja, ahí viene "The Debutante". Es chistoso, porque cumple lo que promete: suena a swing blanco para fiesta de graduación gringa. Tiene una serie de variaciones bien sabrosonas y un relleno de batería piola por ahí, muy solapados por la orquesta, pero bacán. Su antítesis es la oscura "Flower Garden of an Evil Man", que abre con unos drones muy dark ambient, hasta que la guitarra presenta la historia al ritmo del metal industrial con un sintetizador o algún órgano que me da paja buscar que parece tocar free jazz por su lado. Al menos, en la segunda mitad, la batería si da tumbos por los rítmos sincopados y los monolíticos del metal.

Si no es porque lo escucho ahora, me olvido del segundo plato étnico y el tercer plato fuerte del disco. Una piececilla llamada "Those Who Know...". El ostinato del shamisen le da un aire oriental a la introducción, lo mismo el violín, pero como la banda nos ha acostumbrado, luego cada uno saca a lucir lo suyo más con géneros dispares que con velocidad o acordes imposibles. Algo de funk, algo de metal y un bienvenido giro al aire de banda sonora de western italiano, con sus ritmos cabalgantes, percusiones explosivas, violines dramáticos, coro masculino y los infaltables bronces de falso mexicanismo de las películas viejitas de "cogoys", como les decía mi papá cuando chico.

Para cerrar, Palace of Mirrors reprise es una reconstrucción del original con un tiempo más bajo, diferente orquestación y un aire más relajado, aunque no menos dramático cuando quieren. Pero el cierre verdadero lo pone "The Return", una pieza de metal fusión con todos los ingredientes usados en el álbum, casi como una retrospectiva al mismo disco y a sus primeros trabajos. Raro no haber cerrado con la pomposidad del reprise, pero si lo pensamos de esa manera quizás no es tan mal cierre. Y si ya escucharon a los OTC, habrán notado que tiene mucho de Ignis Fatuus y alguna otra pieza del disco homónimo. Bueno, no es pecado reinterpretar lo propio.

¿Y qué pasó después?, se preguntará el único lector no dormido. Pues que las giras siguieron y que los proyectos personales ganaron. Ya eran más de 10 años juntos; el equipo se había consolidado bien y, como en esa escuela llamada King Crimson, cada alumno nuevo, cada talentoso alumno nuevo, salía aun más entrenado para realizar sus sueños a su público fiel de 50 pelagatos. Refiriéndome a los de los miembros de la banda, claro. Los fanáticos de Estradasphere seguimos los pasos de varios, como mencioné por ahí. Algunos satisficieron los gustos de sus viudos, otros exploraron caminos divergentes a los de la manía bungleiana, otros volvieron a operar desde las sombras, con otras bandas. Otros regresaron con sus familias. Es curioso, porque nunca han sido una banda de gran referencia, como lo es Mr. Bungle, una gran influencia para ellos en sus inicios, pero en quienes los siguieron o dieron de bruces con ellos siempre dejaron una impresión. Muy positiva, en mi caso, como habrán notado en los posts casuales desde hace 10 años, o muy negativa, como en esta carta abierta de odio a la banda que escribió un tipo que los escuchó en vivo y los odio tanto que le puso letra a Dubway aludiendo a que "tocar rápido y mezclar mil estilos no significa que sea bueno". Weá de él. ¿O quizás no?

Ustedes saben, siempre lo he dicho y nunca lo he negado, que no soy muy ducho en teoría musical. He ido aprendiendo algo por los años, pero sigo sin agarrar lo técnico. No obstante, como ciudadano de bien que sabe combinar su ropa, no cae en los cebos comerciales de la moda y puede reconocer canones estéticos hegemónicos y populares, puedo dar mi parecer sobre lo del "tocar rápido y mezclar mil estilos" del amigo. No soy muy amigo del tema de la técnica rápida, pero depende del contexto. Por ejemplo, amo la rapidez y la destreza del bluegrass, la velocidad, memoria muscular y fuerza para tocar el banjo y hay una emoción de por medio detrás. A veces me eleva, a veces me alegra. En cambio, dedos rápidos como los de Yngwie Malmsteeen o como chucha se escriba su nombre o cualquier guitarrista de speed metal no me provocan nada. Hay técnica, si, como puedo verla en Adrian Belew, Steve Howe o cualquier otro iluminado del rock progresivo clásico, pero cuando escucho y mi mente rara analiza y decodifica la pieza, veo todo como un edificio en construcción. Literalmente. Perdón lo raro, pero eso me pasa. Veo y admiro la técnica, la innovación y la creatividad, pero con los guitarristas acelerados del metal que mencioné antes no siento alma, no veo un edificio hermoso, solo un montón de rosetones, decoraciones barrocas y gárgolas en pilares, en pilares decorados que solo sostienen adornos y ningún techo... eso me pasa siempre cuando ese músico es la "estrella" de la banda, cuando todo lo que se tenga que mostrar depende de él.

Espero haberme explicado un poco claro con eso. Obviamente, como esto es un tema de gustos está claro que hablo desde mi percepción y que, para los académicos, yo esté tremendamente mal. La cosa es que sí, Estradasphere tiene músicos con buena memoria, buenas habilidades prestidigitadoras, y hacen un menestrón con todo lo que se les ocurra, pero no notas a un figurita por sobre los otros, no hay rivalidad, solo la fuerte intención de decir "nos gusta mucho la música, ¿por qué no tocar de todo lo que nos gusta?" Y lo hicieron en un batiburrillo como en el primer disco y lo hicieron de forma ordenada, como en Quadropus. Pero nunca presumieron de ser buenos. De hecho, el mismo loco de la carta dice que habló con Harris y que era re tela, como cualquier persona que nunca hubiera hecho giras por EEUU y Europa. Si los fanáticos los consideramos buenos, es por un tema de sinergía grupal y de originalidad. California, siempre ha dicho, ha criado a muchos músicos de fusión, pero cuando los juntas y comparas ves miles de diferencias. Y Estradasphere destaca entre varios cuando vez el resultado. Ahora, ya que también criticó el sentido de humor musical y de puesta en escena en comparación con los Bungle, es una comparación equivocada. La comedia se compara cuando el contenido y el medio, pero Estradasphere nunca buscó el shock que Mr Bungle encontraba. Era más un humor ridículo, medio infantil. O en perspectiva, MB serían Richard Pryor y Estradasphere Emo Philips. No hay manera de comparar a ambos comediantes, pues son puras diferencias.

Como sea, la carta culia era eterna y no la leí completa. Me la encontré estando ocupado y la vida siguió ocupada. Pero si la leen y la cagué, me avisan. Ah, pero no sin antes llevarse esta joyita. Me da un poco de pena cerrar el ciclo de Estradasphere (me falta un parcito, pero no puedo pasarlo al PC), aunque este año se ha tratado de eso: cerrar ciclos, abrir nuevos y cerrarlos otra vez. Retomé, cerré y retomé otra vez. Algo que agradecerle a la pandemia fue haberme traído de vuelta a este antro para cerrar la gran deuda que dejé cuando lo abrí. Y paso a paso, post a post pajero, lo conseguiremos.

jueves, 11 de noviembre de 2021

The Shaggs - Philosophy of the World (1969)

Está bélico todo. La tensión política me tiene chato, la gente no colabora mucho con ese panorama oscuro, el mundo se hunde por la moralidad ambigua de la extrema derecha y la irracionalidad de la extrema izquierda y los zelotes mierdosos de ambos bandos (está ese círculo raro [o triskelion, quizás] en que los narcos le hacen la cama a la derecha, la derecha le hace la cama a los narcos y la izquierda le hace la cama a narcos y la derecha), la pega está más pesada que la chucha con el miedo del desabastecimiento de diciembre (están en los últimos días para encargar cosas al exterior y que les lleguen a tiempo) y los bots no dan pausa. O sea, no molestan, no hacen nada, solo alteran las estadísticas, pero me da paja que las cosas no sean como antes. En todo caso, ¿de qué me quejo si volví a un pueblo fantasma de esos que siempre tuvieron visitantes transitorios, como esos pueblos abandonados donde la gente va a volarse y garchar en sus casas derruidas? Desgasté mi despedida y bienvenida y los bots tomaron control. Como en la política. Como en las mentes de muchos. Pero al menos, entre todas esas visitas falsas, hay gente real de países que pueden leer y entender esta shit y que ASUMO descargarán aún música. Si no es así da igual, sigo haciendo lo que quiero.

Pero no es tarea mía filosofar. O sea, sí, si lo será, pero quienes impartan la pauta serán 4 niñas de Fremont, Gringolandia. Y la máquina del tiempo bloggera, que debuta con nuevo condensador de flujo que... pedimos prestada de unos amigos de Dulce, Nuevo México, nos posiciona en 1968, en el apogeo de los hippies y todas esas imagenes temporales culias que hice en el post pasado que me ahorraré. Afírmense, porque lo que leerán es raro. Si conocen la historia, cierren el hocico y descarguen el disco.

Se nota como la pinta influenció en la escena indie noventera

 

En este pueblo de New Hampshire, mahoma unos 20 años atrás (especulando, porque viajar más al pasado ocuparía mucha más energía y sé que el plutonio en 2021 se consigue en cualquier farmacia, pero en 1968 es medio difícil) una señora de apellido Wiggin toma la mano de su hijo Austin y le regala un poco de las videncias de la quiromancia. Le dice que conocerá a una chiquilla con un hermoso cabello rubio rojizo con la que se casaría, que vendrían dos nietas que ella no alcanzaría a conocer y que sus hijas conocerían la fama con su banda musical. "Jeepers, mother!" dijo el pequeño Austin, posiblemente enfocado en un fetiche con las rubias recien descubierto.

Ya en los 60, siendo Austin un paterfamilias tradicional norteamericano, con botella de leche en su puerta y que encontraba graciosos a Los Picapiedras, tuvo una epifanía. Quizás mientras leía el diario y defendía a "ese maldito hijo de perra de Johnson" por llevar la democracia a los paganos adoradores de la luna del Sudeste Asiático, recordó las palabras de su madre y notó que su esposa tenía una glamorosa cabellera rubia rojiza y que su señora madre había muerto antes de ver nacer a sus últimas dos niñas (después de una camada de otros cuatro regordetes hijos 100% yanquis saludadores de la bandera). Solo faltaba la última profecía. En la tierra del Destino Manifiesto, el suyo ya estaba ad portas de manifestarse.

Una tarde, las niñas vuelven del colegio y Austin les dice "hijas, dejen de perder el tiempo en el colegio. Les compre estos instrumentos. Toquen." Y efectivamente las retiró del colegio, les pagó unas clases por correo y el resto del tiempo lo invirtió en guiarlas por el sendero de la música, tanto con cursos como con la vieja técnica del "agarra la weá y toca lo que salga". Las niñas (Dorothy "Dot", Helen, Rachel y Betty Wiggin) nunca tuvieron un interés genuino en ser artistas musicales, sus hermanos tampoco en ser roadies, pero su papá si tenía un sueño que cumplir. Se los contó y quizás no lo entendieron, pero miremos alrededor y recordemos que son fines de los 60, no es que los niños tengan mucho que alegar, menos si son mujeres. Siempre me pregunto donde estabá la mamá en todo esto pero, otra vez, son los 60. Así que, a fin de entrenarlas para el estrellato, cada sábado papá Wiggins llevaba a las hermanas a tocar en el ayuntamiento de Fremont y, entre pifias y las risas de algunos niños conocidos, fueron fortaleciendo su confianza en su progreso. Quizás porque no había más retroalimentación que la del papá, que las motivaba con amorosos "esta weá no para" "no importa, sigue tocando aunque te pifiaste en cada acorde" y "siga cantando Christell, ¿no quiere decepcionar a sus amiguitos? Cante la de Barney". Desde entonces, la banda es conocida como The Shaggs, en referencia a sus chascas impeinables.

Entonces la máquina del tiempo para en 1968. Sí, tenía un poco de uranio de los libios, que weá. Las pequeñas Shaggs ahora son mayores de edad, pero como siguen siendo los 60 (y antecediendo a Britney) el papá hace lo que quiere y decide que es hora de saltar al estrellato. La última profecía está por cumplirse. El séptimo sello se ha roto en un estudio de Revere, Massachusetts. Austin Wiggin les exige debutar con un Long Play y graban durante un día completo lo que vendría a ser "Philosophy of the World". Las niñas no querían, no les interesaba, pero no podían hacer mucho contra el tiranosáurico Austin más que pescar sus instrumentos y equivocarse sin querer. Pero Austin no cachaba nada, así que le pareció que estaba quedando la raja. "Está filete", pensó cuando tuvo el acetato con las canciones en sus manos. "Se imprime, o como chucha digan en la industria musical". Por su parte, las Shaggs no querían más guerra, estaban cansadas de tocar mil veces lo mismo e intentar recordar qué habían tocado.

Todos sabemos que la industria disquera está podrida desde adentro. Lo está ahora (solo miren lo que pasó con John Zorn y el sello que se lo cagó) y ya lo estaba entonces. El pergüetano que distribuiría las copias del disco desapareció con 900 de las mil copias, lo que dejó al persistente Austin con 100 copias que distribuyó en distintas radios, donde ninguna le dio bola. Y bien persistente era el viejo, porque de puro picado hizo que las niñas volvieran al estudio a grabar más canciones. Todo por el bien de sus hijas, decía. Pero la paciencia se equipara a las arenas de un reloj y será inevitable que caiga el último grano. Así que Helen, la baterista, se fugó, se casó, pero volvió a los días sin decir ni pío al respecto, hasta que alguien la sapeó y su padre la mandó a vivir con su marido. De paso la echó cagando de la banda. Para entonces eso ya daba igual. Cada vez tocaban menos y, para cuando Austin le permitió volver a Helen, la banda ya volvía a ser un proyecto de garage.

Es el 1975, cuando Austin muere, que las Shaggs se disuelven y consiguen una vida propia. Pasados los años, ahora que volvimos a este horrible siglo, las Shaggs sobrevivientes (Helen trascendió de plano en 2006) recuerdan esos años con cariño. Claro, su padre era como las weas y seguía una quimera sacada literalmente de la palma de la mano, pero lo que más les sorprende es que la última profecía se cumpliera. Sí, se hicieron famosas: hoy son conocidas en todo el mundo artístico como "la peor banda del mundo".


La versión más aceptada es que las Shaggs pasaron al acervo musical under cuando Frank Zappa, famoso compositor raro, guitarrista avant-garde y vocero conservador en lo social y político, aunque enemigo de la censura y las viejas gritonas, presentó algunas canciones en el programa del Doctor Demento (enemigo mortal de Bart)  y confesó que amaba lo que escuchaba. Poco a poco, más músicos dieron su parecer, unos muy positivos y otros muy destructivos, pero el disco reeditado más de una vez no dejó indiferente a nadie. Siento que llega a ser comparable con el monstruoso Trout Mask Replica de Captain Beefheart (posteado en este blog, aunque no sé si sigue vivo el link), pero las diferencias son claras. Aunque ese trabajo caótico de Don Van Vliet y compañía (Zappa incluido) tiene toda una intención de ser inescuchable y causar una alienación intensa a la primera escucha, con acordes disonantes, melodías entrecruzadas y ritmos rotos, sigue viniendo de un músico bien entrenado, que sabía lo que estaba haciendo y usó la intención primal del arte que es causar una reacción. Por otro lado, las Shaggs eran niñas mal comandadas y mal guiadas que pensaban que estaban tocando bien, en cuyos oídos las cosas tenían sentido y de verdad habrán sido convencidas de tener talento. Nadie les pidió sincronizar los tiempos, afinar la voz, tocar si quiera algo coherente, pero se defendieron como pudieron y creyeron salvarse. En estricto rigor, hay honestidad de parte de ellas. No son el Capitán Corazóndecarne tocando cualquier weá y cantando cualquier weá, son cuatro niñas diciéndose "si, va bien". Y esa honestidad cruda, esa música en su estado más primitivo, carente de toda estructura del canon occidental, es la que muchos artistas (y yo) han aprendido a valorar. Pero si hablamos de teoría, según uno de los loquetes de NRBQ (una banda que ha cantado más de un par de canciones en Los Simpsons) dijo que la estructura "composicional" era similar a la de las piezas de Ornette Coleman. Y no lo encuentro muy tirao de las mechas, en verdad. Afinen un poquito esa guitarra, quizás darle un poco de sentido a algunos acordes, sincronizar las bases rítmicas y las melódicas pero tocando lo mismo que tocan y de más que tienen free jazz. O quizás dejarlo tal cual está y podrían tener el folk más primitivo, ese interpretado por quien tuviera el instrumento y la historia para contar, sin mayores nociones que el "laissez faire, laissez passer" de las manos.

Una de las mejores cosas que le encuentro son las letras. Son muy de adolescente, se nota que muchas las escribieron ellas. En lo superficial se ven simplonas, como los poemas que tenía más de un lector y su servidor en algún cuaderno viejo o archivo oculto de word y que releerlo ahora les avergonzaría a niveles suicidas. La canción que da nombre al disco abre con dilemas tan sencillos como, muchas veces, ciertos: "la gente rica quiere lo que los pobres tienen y la gente pobre quiere lo que los ricos tienen" y sigue así con flacos y gordos, chicos y altos, cabros chicos con cabros grandes, pero el corolario del coro es que "no puedes complacer a todos en este mundo". Palabras ciertas, casi obvias, pero ustedes no las cantaron a los 18 años. Además, para añadir la filosofía a la temática de la canción, no se diferencia mucho del concepto de Dukkha del budismo, que establece que el sufrimiento es provocado por el deseo de tener lo que no se tiene y ser lo que no se es, que incluso una vez alcanzado solo conllevará a mayor deseo por todo aquello que está fuera de nuestras manos. Claro que si hablamos de filosofía, dudo que Marx concuerde con lo de los ricos queriendo lo de los pobres, a menos que se hable de su empleo como mano de obra a fin de seguir amasando capital a desmedro de la clase trabajadora, que sí deseará lo que tiene el rico. Por su parte, San Agustín podría aceptar que, si el rico quiere algo del pobre, es esa falta de miedo a la pérdida que siente este ante la riqueza material que se siente obligado a mantener, descuidando con ello la vigilia por su vida espiritual. Lo bacán de todo es que, entre todo este amasijo de encrucijadas morales, cada niña toca la weá que le planta la raja. La batería tiene unos rellenos cargados de emoción al final de cada coro, pero la guitarra lanza acordes atrasados que resuenan como gatos y sitaras. La bajista yo cacho que solo tocaba dos notas porque no sabía que weá pasaba.

"That Little Sports Car" es otro ejemplo de canción adolescente, muy en la onda de los Beach Boys con sus temas rockeros sobre autos rápidos y todos riendo adentro. Pero la guitarra weón, la guitarra ¿que hace? Y la batería da tumbos a mitad de canción. Se nota que ya estaban cansada en esa sesión maratónica que vimos en el cronoviaje. Y las últimas líneas son cantadas con tanto desgano que fácilmente podrían preceder a Patti Smith en la presencia femenina en el punk. "Who are Parents?" tiene toda la pinta de ser algo escrito por Austin. Hay una línea que lo delata: "Algunos niños piensan que sus padres son crueles/porque les hacen obedecer ciertas reglas". Además es la más pajeada de las canciones, todo desgano, casi afinado, como una balada indie low-fi cualquiera. Pero el intro alocado de batería de "My Pal Foot Foot" nos llena de alegría y risa con una cancioncilla desafinada sobre un gato que se va de casa a cada rato y que Dot pide que vuelva. Es triste, pero las niñas yendo pa todos lados no ayudan a mantener el ambiente.

No quiero comentar cada canción, pero weón, escuchen el intro de "My Companion". Conchemimare que maravilla, es casi terrorífica. Y "Things I Wonder" intenta ser una canción de corazón roto, pero la interpretación es tan pal pico que casi se equipara al colapso mental del rompimiento. Nada tiene sentido, las sinapsis se disparan como chispas en una alambre electrificado golpeado por mil ramas en un huracán. Pero "Why Do I Feel?" parece ser la más directa, adolescente y "mejor ejecutada" de las canciones de dolor amatorio, con esa pregunta que todos nos hacemos siempre: "¿Por qué me siento como me siento? ¿Por qué hago las cosas que hago? A veces me preocupo por ninguna weada/ A veces la vida es bacán/Cuando la vida da un vuelco al otro lado/Intento pensar en algo feliz". Todos nos hemos sentido así. Todos hemos tomado la guitarra sin saber tocar algo y tocado y cantado cualquier weá. Esto es pura niñez y adolescencia y falta de talento musical comprimido y reproducido en formato acústico. Y claro, como son niñas blancas en los 60, tienen una canción canuta que no comentaré pa no dar la cacha.

The Shaggs son todo un viaje. Son una experiencia de vida. Puedes haber pasado toda tu vida escuchando a Debussy, Satie, Glass y Vasks, hablar sobre y conocer la belleza, por ende juzgar lo que no es hermoso en la estética musical occidental, pero si no has conocido la contraparte no aprecias de verdad el esplendor de la belleza. Además, es muy diferente juzgar la música contemporánea radial que es, en efecto, una involución preescolar de la armonía de los canones estéticos en todos sus aspectos, a escuchar esta verdadera pieza de arte naïf musical, desprovisto de intenciones ulteriores revolucionarias ni de ofensa. Creo firmemente en que el contexto de la obra y el subtexto del artista determinan la calidad o el valor de culto de estos. Por ejemplo, los dibujos infantiles a lapiz escripto de Daniel Johnston son solo eso hasta que conocemos su vida, su carrera, su condición mental, y entonces son una revelación de creatividad novedosa, ajena a lo que estamos habituados. No hay un trasfondo destacable ni una declaración intelectual detrás del por qué Bad Bunny canta como el pico, de por qué su música es plana, aunque intente disfrazarla detrás de algunas capas melódicas, no tiene una raison de etre detrás de su voz, no es un paciente psiquiátrico con toda la intención de querer hacer algo en el mundo del arte. Por eso, pasados los años, solo la nostalgia lo sostendrá. Será malo como intérprete, pero no se podrá rescatar por el valor de culto que ha sacado a flote a películas olvidadas, muchas veces muy malas, pero que tienen una importancia estética o una historia extraña detrás de cámaras. A las Shaggs las sostiene una historia rara. También son una de las pocas bandas de arrastre amplio en los círculos under que son genuinamente malas, una ruptura de lo tradicional y el buen gusto. No está la intención intelectual que usé antes como ejemplo, pero si son casi primeras en lo suyo y lo vuelve meritorio. Y hoy son recordadas de buena y mala manera por ello.

Como sea, ya saben como soy, si suelen venir por acá. Improviso en la marcha. Quizás me arrepienta de algo. Muy probable que no. Pero si de algo no me voy a arrepentir es de darles la oportunidad a los que nunca las han escuchado a que lo hagan. Considérenlo un favor, de esos que no se agradecen.

domingo, 31 de octubre de 2021

Coven - Witchcraft Destroys Minds and Reaps Souls (1969)

 Ando de la nostálgica, he'mano. O sea no, no tanto, solo ando haciendo weás como antes... y viendo weás de antes, pero más que nada haciendo. Onda, como esto, de estar haciendo algo, decir "oye culiao, ¿no ibai a hacer un post temático antes de Halloween?"

- Ah, pero si hice dos po, ¿qué más querí? ¿Mi sangre en un pan tostado con café irlandés, servido en bandeja de plata?

- Que terminí el tercer post, po grandísimo procrastinador infeliz de mierda depresivo pelo graso apilador de libros acumulador de discos no aseador de su pieza de barba rala y lentes rotos.

Y presto, con el autoestima quebrada me interrumpí de hacer NADA y retomé el post que titulé hace 5 días, siguiendo la tradición de una década de improvisar todo el texto en la marcha. Pero primero soltémonos un ratito la corbata, hablemos de la vida, como han estado, que weá fome han visto, que música de mierda han escuchado. O mejor aún, ¿cómo estarán sus jaloguines? Ah, pero primero, puesto que hablo con el aire, una queja (o primera queja): desde que me fui hace dos años he recibido miles de visitas de bots que me tienen las pelotas llenas. No comentan ni postean, pero interfiere en las estadísticas de visitas, que uso para cachar el alcance y que onda la relación de la gente con la música en mp3 y los extraños consumidores de blogs. El de Cardiacs es bueno, pero más de 1000 en dos años, en un blog que tenía un promedio de 500 visitas a un post en un año, según la popularidad de la banda, es demasiado. O para mejor ejemplo, el de Sparks ya tiene 800, con muchos de Francia. Esa weá no es una tendencia real, son bots de mierda. Pero bue, si alguien sabe como frenar eso rájese con la información, porfa.

Segunda ¿queja? Halloween po. Estaría de más decir que es mi fiesta ajena favorita del año. Septiembre tiene el 18 y sus asados, que poco puedo disfrutar porque gracias colon de treinteañero, y octubre trae la fiesta espiritual del hemisferio norte. Creo que desde que empecé a escribir he pasado por distintas apreciaciones sobre el Samhain, desde festividad imperialista que inevitablemente me gusta a sinónimo de carnaval de juegos de identidades y travesuras. Si bien sí, es fruto del imperialismo anglosajón, ya casi cada cultura la tiene adaptada que de la original poco tiene. Los gringos no celebran halloween como nosotros, pero si carecíamos de una fiesta de carnaval veneciano, de mascarada, bromas y terror, bienvenida sea. No importa que acá no tenga el valor del Samhain, sigue satisfaciendo las almas de muchos y siendo un día de felicidad, tan carente en estos años asquerosos. Y ya puesta la visión sobre la fiesta... fome po. Segundo año encerrado, al menos el año pasado me maratoneé algunas pelis de terror, ahora me toca trabajar. Y aunque no me tocara, no siento el entusiasmo de los cercanos de celebrar, más que de una amiga con la que si queríamos, pero no hubo quorum y pico, un poco de whisky en la casa en la noche y hartos clásicos del terror no más.

Hecho el exordio al peo, pasemos al álbum.



Hace unos varios años, tal vez en halloween, tal vez en un post random, hablé sobre las bandas satánicas o "satánicas" y nombré a dos con las que tenía dramas. Primero, mi drama era que fingían o presentaban una estética tétrica, de hechicería y oscuridad, pero musicalmente eran bastante planas. Me refería entonces a Ghost y a Coven. Sobre Ghost mi apreciación no ha cambiado, pero si me abrí un poco más de mente respecto a lo de Coven. Quizás con Ghost pase lo mismo a futuro, pero nah, muy pasaos a caca. En cambio a Coven lo tomé del lado de la importancia histórica más allá de la forma.

Coven fue una banda de rock hippie marihuanero oscuro de fines de los sesenta conformada por una señorita de voz de bruja llamada Jinx Dawson, un guitarrista de nombre Chris Nielsen, su bajista Greg Osborne, Steve Ross en batacas y John Hobbs en teclas. No se distinguían mucho del hard rock sesentero gringo, no destacaban por sobre las bandas comerciales de renombre y habilidades ni por las de cantina y fama futura. Pero algo en sus canciones se diferenciaba de las otras bandas en el circuito under yanqui. En vez de hablar sobre marihuana, amor y paz y letras sin sentido que buscaban emular el surrealismo de Lennon, los Coven cantaban sobre pactos con el diablo, brujas quemadas y venganzas de ultratumba. Y fueron más allá con su primer disco, titulado "La brujería destruye mentes y cosecha almas", donde Jinx, Osborne y Nielsen posan en un fondo negro, con una calaca al centro y crucifijos invertidos en sus cuellos. La contraportada muestra al trío haciendo los cuernos con los dedos sobre un altar de cruces y cráneos y ¡Oh! ¡sorpresa! monoculos vuelan cuando abren el disco y Jinx está acostada en pelota sobre un altar, con el resto de la banda, que no sale en la portada, celebra con cálices, cruces invertidas y más signos de cachos.

Para mayor contexto, es 1969, el verano del amor de Woodstock, el année érotique de Serge Gainsbourg. El movimiento hippie está en su apogeo, pero como dijera apocalipticamente el maestro Hunter S. Thompson, es también cuando choca la ola contra las alturas de San Francisco, deja su marca y comienza su retirada. Ese año Joe Cocker debuta y saca ovaciones, completamente ebrio, en Woodstock; Janis Joplin saca su disco solista, los Grateful Dead recorren EEUU con su fanaticada creciente y King Crimson fusiona una combinación esquizofrenica entre frenético rock con un cálido jazz al otro lado del Atlántico. El panorama habla de paz, un cambio de aires y una sensación de derrota. Pero por debajo hay una suerte de "perversión" de la libertad y el desánimo reinante. Ese mismo año, en Italia el ya posteado Antonio Bartoccetti parte con Jacula y en Reino Unido un grupo de hippies forma a Black Widow. Pero en EEUU Coven va más allá de las canciones con títulos ocultistas y vestirse de negro y llevan las alusiones satanistas a lo visual. Así se va gestando un subgénero hoy conocido como "rock ocultista". No obstante, usaré la vieja etiqueta de "horror music?" porque las tradiciones acá se mantienen.

Hay un dato curioso, muy sabido por los que conocen a Coven, que me salté adrede. El bajista Greg Osborne era conocido por su apodo Oz. Si, Oz Osborne. Un año después, un jovencito inglés también conocido como Ozzy, aunque este es Osbourne, debuta en la historia con la banda Black Sabbath. Black Sabbath, como la canción que abre el primer álbum de Coven y el primer tema del primer disco de Black Sabbath. Fiu.

Volviendo a Coven, el sonido no era muy diferente a lo de la época. En realidad, esas bandas dizque satanistas, más "oscuras" que "satánicas" en verdad, eran puro hard rock tradicional. Creo que Black Sabbath fue la primera que se atrevió a traspasar lo que mostraban al sonido, con sus tiempos lentos, abriendo la puerta veinte años antes al doom metal. De hecho, al contrario de lo que te dicen las viejas canutas y las viudas de iglesias, Black Sabbath es lo menos satánico de la vida. Ozzy Osbourne será muy el príncipe de la oscuridad, lo acepto, pero en sus letras el elemento de terror, o lo que desafía la moral cristina o el temor del oyente, proviene del Otro, no del Yo, a diferencia de Coven. No obstante, Coven carecía de esa innovación musical. Más parecía un Jefferson Airplane duro donde su Grace Slick tenía voz de bruja y todos tocaban más fuerte. Pero eso era el espíritu ocultistas hippie de fin de los sesenta, lo captaron más o menos bien. Dijo captaron porque nunca fueron satanistas. Prácticamente fueron un movimiento publicitario-artístico de su productor Bill Traut, que les dijo que saquen material de libros sobre brujería. No obstante, la tarea les quedó más o menos bien. Con eso, dejemos el pelambre y pasemos a la carne.

Black Sabbath abre como abriría cualquier canción medio psicodélica, medio hardrockera de sus días, contándonos acerca de un aquelarre en la cima de la montaña Brocken (¿por qué no llamar la canción Walpurgis, entonces?), donde el Diablo oficia la ceremonia y todos se unen en una orgía y weá. Y no es solo en palabras, poco a poco aparecen coros masculinos de AH AH AAAAH y desemboca en un tumulto de voces, ruidos instrumentales y todo lo que se necesite para que suene como orgía (excepto fluidos y los llantos posteriores). En verdad tengo super pocas palabras para cada canción: no es que sea un mal disco que solo deba apreciarse por su valor estético-histórico, es que son de un rock bien tradicional que no resiste mayor análisis más allá de las historias que cuenta, donde si destacaría a Coven in Charing Cross. Es un cuento bien explícito sobre trece cultistas que se reunen (no sin tomar sangre de bebé y tener una orgía antes, porque hay que tener buenos modales) a complotar contra un cazador de brujas y su familia, en venganza por el líder del grupo que este cazador quemó. No concluye en nada, pero se asume que la magia negra prevaleción. Lo bacán es que la estructura de la canción, si bien estándar para el rock comercial, ayuda mucho al ambiente de reunión mágica, que poco a poco abre paso a un pre-coro recitado y un coro básico, aunque pegajoso (siempre me encuentro pensando en ese "Cooooven in Chaaaring Cross") y culmina en un alocado LALA LALALALA. Tiene un espíritu muy rock pop, como decía, pero es efectivo, al final, solo que muy corto. Al menos una tercera para saber que fue del cazador. Lo mismo puede decirse de "For Unlawful Carnal Knowledge" (FUCK, ¿cacharon?), que termina siendo muy pegadiza y tarde o temprano te encuentras recordándola. O para muchos Wicked Woman, que no me gusta tanto porque le falta el Lucifer, a menos que sea una secuela espiritual de "Devil in disguise" de Elvis Presley (no lo es, no lo googleen).

El cúlmine de todo este mal viaje psicodélico por los recovecos de la brujería negra es Satanic Mass, una pieza que se explica sola con el nombre. De hecho es eso. O busca aparentar ser eso, en verdad. Más de un satanista, no sé si la iglesia misma, pero si algun fiel, dice que es una weá muy sacá del poto, pero tampoco es para crucificarlos. Ah, crucificarlos, ¿cacharon? Estamos hablando de los 60, con una buena carga de películas de terror oculto dando vueltas por ahí, donde The Devil Rides Out, estrenada apenas el año anterior, es casi un referente obligado a la hora de hablar de terror con satanismo, sesiones espiritistas y lucha a punta de magia contra las fuerzas demoníacas. Hay una representación de una misa negra muy cercana a la de las canciones de Coven, pero que tampoco dista mucho de esas de los tiempos de Goya, en plena inquisición. El problema es que las descripciones de la inquisición fueron sacadas a punta de tortura, nunca tuvieron evidencias duras más allá  del miedo y el prejuicio. No digo que no hayan ramas que buscan replicar lo que supuestamente se hacía entonces o que mostró el cine de terror, no sería raro (no todas las brujas son buenas, hippies cuicas de mierda; donde hay luz hay sombras, ¿que no aprendieron eso?), pero si hablamos del Satanismo como institución eclesiástica, al parecer esa misa negra interpretada por la banda solo seguiría siendo un trabajo de ficción. Un detalle interesante es que la trascripción paso a paso viene dentro del álbum, junto con las letras. Por cierto, muy bonita la presentación del disco, si encuentran la versión gatefold cómprenla.

Uno se preguntará ¿por qué, a diferencia de otras bandas más darks como Black Sabbath, Coven no es tan conocido? Pues no es tanto por un tema de originalidad o talento. Es que tuvieron la mala cuea, malísima cuea, de aparecer justo cuando pasó lo del asesinato de Sharon Tate a manos de algunos miembros de la "Familia Manson". Entonces el chiste se cuenta solo. Hippies, seudo-satánicos (ciertamente raros y "malos"), con un disco y canciones aludiendo a sacrificios humanos... mala pata. Una revista hizo un reportaje sobre los hippies ocultistas satanistas marihuaneros comeguaguas y puso una foto del "Witchcraft" como ejemplo. Y hablando de ejemplos, ahí hay uno de que no siempre una mala publicidad es buena publicidad. Al menos el veto les duró hasta que la gente y la prensa los olvidó. No obstante, la banda perdió algo de popularidad en ese tiempo, o eso se puede deducir al ver el resultado de su segundo disco, titulado Coven también (1971), y Blood on The Snow en 1974, que no gozaron de la misma recepción. Aunque es posible que al primero si le ayudara la polémica de mostrarse como los "diabólicos", pero de ser así ¿por qué no les acompañó en la carrera? Como sea, después Coven ya se disolvería y Jinx pasaría a tomar el catálogo, bautizarse como "la reina gótica del metal" y continuar cantando para un público nuevo e interesado en su trabajo. Es más, hace unos días caché que vino a Chile, no sé si teloneando a alguna otra banda, pero se veía que el público joven enganchaba caleta con ella y se sabía las canciones. Así que efectivamente es la reina gótica del metal. O la reina madre, quizás.

Ya pasados los años desde esa declaración que hice acerca de Coven, aún no recuerdo donde chucha, pero sé que la hice, me deshago un poco de mis palabras y los paso a mi lista de recomendaciones para halloween que pueden acompañarles en adelante.

Tengan un Samhain bacán, no evoquen nada más grande que sus cabezas y hagan sus voluntades sin dañar a nadie.

sábado, 23 de octubre de 2021

Antonius Rex - Anno Demoni (1979)

 El rock progresivo italiano es casi un fetiche dentro de la escena progresiva. Hay gente que va por la vida consumiendo y profesando progresivo inglés, que es el prog por defecto, otros sudan metal progresivo a la Dream Theater o Therion. Estamos los que respiramos RIO o Kraut, los que viven del prog psicodélico de Gong o de Magma, que muy zeuhl será pero Magma es Magma, nada en el género se acerca a Magma. En la misma vereda, pero tomando de esas vertientes que fluyen del templo de Saturno, están los consumidores del prog italiano. Le Orme, PFM, los fugaces Semiramis y Mad Crayon, Banco del Mutuo Soccorso... los nombres recurrentes en sus playlists. No diré que no me gusta el progressivo italiano, tengo un par de vinilos por ahí que de vez en cuando escuchó, un tiempo me pegué harto con PFM (para que decir con Semiramis, pendejos culiaos secos), pero nunca enganché mucho con su fusión de prog medio barroco y con música tradicional italiana... puta, excepto con Opus Avantra, porque tiene ese elemento innovador de hacer un guiso con todo eso y con la disonancia de la música experimental y les queda rico. Pero toda esta intro de mierda, que involucra a grandes de la música, deriva a otra vertiente que fluye de otro templo. Un arroyo que nace de las solfataras con olor a peo post-huevo duro del templo de Plutón. ¿Y quien bebe ahí? Pues un guitarrista no tan malo, pero que tomó varias malas decisiones en su vida y en bajada. Me refiero a Antonio Bartocetti, conocido en el mundo artístico y ocultista como Antonius Rex.

Si usted es Vivaldi, habrá notado que ese nombre ya se mencionó una vez aquí; si usted es Pavarotti no. Sip (como si alguien hubiese adivinado...), fue en ese post completamente olvidado, hasta por mi, de su proyecto sesentero hippie dark Jacula; tan olvidado que casi lo resubo. En aquel post le tire un par de loas a Jacula, porque en verdad tiene momentos que lo merecen. MOMENTOS. Sus dos discos no fueron memorables, tampoco destacaban en virtuosismo y el mismo Bartocetti los consideró "errores de juventud", donde yo dije "ojalá me hubiese mandado errores de ese nivel en vez de haber quemado el basurero del liceo buscando impresionar a una mina blabla...", ¿ahora se acuerdan?

No.

A lo que voy es que Jacula fue su primer chapuzón en el mundo de la música. Creó todo un lore para la banda, con un médium que escribía las letras luego de sesiones de ouija con la compañía de quien sería en unos años más una de las primeras artistas de música electrónica y vocera de Apple, Doris Norton. No impresionaron a mucha gente, a mí me impresionaron en mi tierna juventud veinteañera y ahora lo harán con otros jovenzuelos y otra vez a mí, curao leyendo cuentos de terror, pero existieron, lanzaron discos y hasta se tejió una leyenda en torno a la banda. Pero Antonio quería más. Quería fama, mujeres, gatos negros, sangre de virgen y, por alguna extraña razón, música disco. Así es. En su carrera solista, lanzó un par de bodrios setenteros muy cargados a la música disco donde, ya saltando a los 90, destaca su single culiao de mierda incoherente "Pig on the Witch", con un beat tecno y un chillido falso de chancho. Weón, es horrendo. Y no en el buen sentido halloweenesco de la palabra, tampoco de snob, si a mi me gusta el tecno noventero, pero esto viene de él, uno espera... cosas. Pero de vuelta en los 70, debuta con Zora (1977), Ralefun en 1978 (anagrama de Funeral... uy mamáquemiedomemeo) y al año después el disco que nos convoca en torno a esta fogata menguante: Anno Demoni.


 

No lo traigo precisamente porque sea su mejor trabajo. O sea, mirándolo en retrospectiva... sí weón, es su mejor trabajo. Igual es triste, porque no es tan bueno, pero ya les diré por qué, por quizás primera vez en la historia de este blog que ha muerto dos veces y conoce bien lo que hay al otro lado de la conciencia, subo un disco que no considero bueno. Creo que les mentiría con eso, igual subí más de uno por compromiso, pero ignoremos eso en pos de la narrativa.

Anno Demoni es un disco donde predomina el órgano. Un órgano de tubos, al parecer. Uno sintético, al parecer. También hay violines, de vez en cuando. No son la gran cosa, pero al parecer también son sintéticos. Pero Bartocetti toca la guitarra, eso si es real. Le pone harta distorsión, para alimentar el aire oscuro y denso de estos castillos musicales construidos por la música. Hay una atmósfera de película Hammer de principio a fin, pero cuando rascamos un poco la imagen y notamos que no hay mucho desplante musical detrás, más parece una de Mario Bava... digo, con todo respeto a su técnica de cámaras, donde como dijera un buen amigo músico que en realidad no es mi amigo, pero a quien respeto mucho, el tipo hace jazz visual. En cambio, acá hay tritonos trillados, percusiones lejanas y piezas muy frikeadas. Al menos "Gloriae Manus" queda bien como algo "atmosférico". "Jacula The Witch" también se defiende un poco, con la voz dulce y "lalalienta" de Doris y una lluvia de campanitas de viento sonando. El piano le da su toque Goblin, como si viniera en alguna peli de Argento. Pero de vez en cuando, muchas veces más de una vez en cuando, suena ese somorgujo (deduzco que lo es, no hay de esos pájaros acá) o murciélago culiao de archivo y caga todo, porque se nota falso. No es como las gaviotas o los pajaritos de bosque bien combinados en los temas de Pink Floyd, acá es un solo sonido repetido ad absurdum. Pero si hablamos de absurdo, aguaiten que viene "Anno Demoni". La pieza de órgano que da nombre al disco no es muy pródiga en habilidad, no esperen a un Bach, aunque si busca replicar mucho al Dies Irae medieval, pero lo freak acá es el bongó que le da ritmo a la composición. Un bongó po weón. Yo escuché eso a los 20, más o menos, y quedé pal pico. No por lo patético, sino por lo original. Ese concepto de hippie (bongó) con dark (órgano y clavicémbalo y violines falsos) me dejó peinado pa atrás. No era muy bueno, no era algo de conservatorio, por ejemplo, pero si primera vez que escuchaba algo así. Sé que suena como una idea super ridícula, de hecho se la comenté a una amiga de esos años (salutes, espero que nos volvamos a ver; sé que la cagué, pero también que no hay mala sangre) y me miró con cara de "que chucha estai escuchando". Insisto, suena ridículo, pero me pareció original, casi como una síntesis del lado oscuro del hippismo, agonizante para entonces. Por otra parte, si quieren probar lo verdaderamente charcha, tienen "Soul Satan".

Soul Satan parte con ese sonido culiao de somorgujo al punto que cansa y un beat disco. Un beat disco en un álbum de música lúgubre. Un beat disco que deriva en un bajo disco picao a funk. Y Bartocetti intentando demostrar que puede atreverse a cantar. No cantar, atreverse. Honestamente es una canción muy wimpy, que me saltaba incluso en esos años universitarios. Además me da risa que tira líneas en latín, pero que en conjunto no dicen nada. No es primera vez que lo hacía, Ralefun tiene una pieza también wimpy pero soportable llamada "In Einsteinesse's Memory" (no me pregunten que chucha significa, aún no entiendo) que también parafrasea refranes en latín, como si fueran palabras mágicas. Y también el toque disco. ¿Qué weá, Antonio culiao?

Missanigra tampoco apaña mucho, aunque retoma el toque darks y Ego Sum Qui Sum continua con ese valiente intento. Entonces entra ese violín de sintetizador, que no hace mucho, pero sigue haciendo más de lo mismo. Yo creo que he visto más variedad en bandas dark ambient que aquí. Pero pasados los casi 8 minutos de ese tema, vienen los que, para mí, son las dos joyas de esta corona de barro y pasto seco.

Un órgano otra vez golpea los tímpanos, hasta que se funde en un drone ahogador de tinieblas y humedad. Entonces viene Doris y una recitación. Eso es "Morti Vident", un "malus track" (bonus track, pero malulo, geddit?) de otro proyecto de Antonio con Doris llamado Da Invisible Force. La fuerza de esta canción o recitación se encuentra en su aire a sesión espiritista. Por fin, después de años del mito del origen de sus letras, entramos a algo similar a sus sesiones. Las letras están en italiano y versan sobre la futilidad de la vida del hombre y los placeres en que se entrega en una existencia sin mayor sentido, eclipsados por la sombra perpetua de la muerte. Pero el crescendo en sus palabras y la aparición de dos voces más crean la imagen de la mesa, las manos enlazadas y las velas subiendo y bajando su brillo. Y cuando lo bueno termina, lo bueno continua. Aquí abren los órganos otra vez y dan paso a ese seudo-clavecín con bajo y la voz de Doris para arreglarlo todo. Así abre "1999 Mundi Finis". Qué buenos tiempos, cuando pensabamos que el mundo terminaría a finales de los 90... Quizás Doris Norton no es muy afinada, quizás tampoco muy melódica, pero para el tipo de música que se buscó componer, su voz queda del uno pirulo. Y otra vez el existencialismo inunda las letras, con una crítica al "homo consumidor", acumulador de lo terrenal y negador de lo espiritual. Suena medio eclesiástico para algo supuestamente satanista, pero qué weá se yo. Una composición bonita. Ojalá durara más, pero en Jacula la hicieron durar como 7 minutos con el título de UFDEM y no, weón. No.

Ahora la pregunta. Si tanta caca le tiré, ¿por qué subirlo? ¿Por qué darle un espacio?

Lo curioso es que, a pesar de toda la mierda que pareciera haberle tirado, es un disco que tolero. Si encuentro algo digno de leer a las 2 AM, algo que me impedirá dormir con la puerta abierta con miedo a ver al hombre del sombrero (larga historia) parado en mi puerta, este disco es mi OST. No es algo que pongas para sentarte a escuchar, porque posiblemente solo pases rabia o quedes con una sensación de vacío, exceptuando a los temas adicionales. Es algo para poner de fondo, que suene ahí mientras lees o te cuentan o cuentas algo en tu junta de halloween o de cualquier día, si eres como yo. La música que suena para darle el tono fílmico a esa noche, para que de vida a las siluetas en las paredes y haga tangibles los dedos que bajan por tu espalda. No está hecha para eso, pero ya que existe se le puede sacar un provecho, y este sería el de muzak de terror. Como esa música de relleno de los ascensores gringos o las tiendas gringas, pero en terror. Nada que requiera mucho análisis, nada muy complejo, solo ambiente. Aunque los órganos a veces estallen y ese bongó invite a escucharlo con detención y cagarse de la risa, pero lo importante es que esté ahí. O no tan importante, en verdad. Cosa suya si lo bajan. Yo personalmente no lo encuentro desechable y no siento que esté de más ponerlo en la fecha.

Ahí veré si vuelvo para otro post halloweenesco. Este es el segundo en una noche, pero siento ánimos. Aunque lo mencioné, maté la racha. Así funciono, no sé que chucha.

viernes, 22 de octubre de 2021

Magnet y Paul Giovanni - The Wicker Man OST (1973)

 Tercera u octava vez en que lo digo, pero voy de nuevo: Soy un hombre de rituales. Me salté el fiestopatrio porque me dio paja... ah no, cuando volví fue por el 18... bueno, estaba muy drogado para darme cuenta. O sea, no tan drogado, como conté esa vez creí que me embarcaría en un buen viaje ácido y solo terminé en una frenética explosión de ideas por las nefastas anfetas. En serio, legalicen los entéogenos. Ah si, el post.

El ritual del mes es más que obvio. En los tiempos en que posteaba seguido era habitual, contenía al menos cuatro discos y un especial en texto, sea de la difunta sección Memento Mori o el anónimo especial de penaduras y videos. Ahora, con la misma cantidad de tiempo que antes, pero mayor reconocimiento de que hay veces en que debo ceder ante el peso inconmesurable del ennui y la paja (en sus dos acepciones), veré si cubro al menos la mitad de lo que alguna vez hice. No prometo nada, pero prometo algo:

eh... no sé.



Toda la vida he sido fanático del cine de terror. Cuando chico me cagaba de miedo viéndolas, me tapaba los ojos, me daban pesadillas... La Mosca de Cronenberg y el remake de finales de los 80 de The Blob, conocido en latinoamérica como La Mancha Voraz, me enamoraban y aterraban. Ya más viejo, con acceso a la piratería en la feria y a VCD de pésima calidad, convertí ese amor pasajero en amor comprometido. Ahora estoy tan familiarizado con el género que ya no salto de miedo y rara vez tengo pesadillas, pero me gusta tanto que cada película me llega más por un tema de estética que por cuantas veces solté la vejiga viéndola. Es un amor más adelantado que la mera atracción física: si, bacán el gore o el suspenso, pulento el jumpscare bien ubicado y no abusado, pero los detalles propios del género y el conjunto metafísico son donde se esconde el verdadero  espíritu vital de la película.

No sé, weás de snob (que no soy... quizás un poco con las de terror, pero la aparición de otro snob la anula).

Hablando de ese paréntesis, ahí es donde para muchos guateo. En mi familia me conocen por eso. Cuando iba al valle mis tías sabían que llevaría un montón de DVD piratas con 3 películas de terror cada una y que al menos un par les gustaría, más que nada porque de gore barato empecé a pasar a terror más psicológico, a veces más "artsy", pero si menos predecible y, para muchos, menos terrorífico. O si hablaba con alguien que también hacíase llamar amante del terror, me preguntaba sobre mi película favorita de terror de todos los tiempos (acotando más y más la película, porque me costaría llegar a concenso) y emanaban decepción en vez de feromonas cuando les nombraba El Exorcista o La Mosca. Son buenísimas, es innegable, pero para los snobs son muy normies. "Qué weá más vanilla que asustarte con El Exorcista", dicen. Pero eso no las hace más malas, que hayan sido éxitos de taquilla y las películas emblema de sus directores no las empeora por la conchetumare Y NO TE DOY OTRA NO MÁS PORQUE la gente ha sido respetuosa con mi opinión. Entonces, no tengo perra idea en que año, me compré un Taschen de cine de terror y en el bien seleccionado listado de películas por categoría vi una que juré de guata haber leído mencionada en más de una parte. La imagen principal era un hombre de madera quemándose, otra foto mostraba a Christopher Lee de brazos abierto y con la chasca al viento y tipos con máscaras de animales en lo que parecía un pueblo inglés. The Wicker Man, decía. "El hombre de mimbre", también, porque estaba traducido en Hispania. Quizás la vi antes... me acuerdo poco.

"La bajé, la vi, la amé", dijo Julio César.... OOOH CTM! ¡La tiré sin querer!

Les explico. El "Veni, vidi, vinci" es obvio, la weá es que Julio César describió a esta figura terrible en su "La Guerra de las Galias". Según JC, los galos tenían un método horrible de sacrificio con ese nombre y constaba de una figura humana construida de madera y mimbre, con una jaula en su torso, donde se metían prisioneros de guerra u otros sacrificios idóneos para quemarlos vivos. El olor a chicharrón y los gritos debieron ser pal pico, pero estamos hablando de los años de bonanza del imperio romano. Eran cosas normales que bajaron la intensidad con los primeros años del cristianismo y subieron a 11 en sus segundos años. No obstante, muchos historiadores y arqueólogos han dicho que eso no es más que la clásica campaña demonizadora del enemigo en tiempos de guerra. Obviamente el pueblo romano, que solo sacrificaba vacas y culeaba con burros de ambos sexos en Pompeya, necesitaba ver a los bárbaros galos como algo peor que ellos. Solo les faltaba comer guaguas y mear en los pies de Júpiter. No obstante, el mito persistió. Pasas que cosan cuando la realidad es fome para nuestras mentes sedientas de drama. De todas formas se agradece su pervivencia, o no habríamos tenido este peliculón.


The Wicker Man, película británica de Robert Hardy, nace como guión inspirado por una novela de David Pinner llamada Ritual. Existe en español, la publicó Alpha Decay con una bellísima presentación y tuve el placer inconcluso de leerla. Digo eso porque sí, me encantó, me gustó, siendo una novela de suspenso con temática pagana no tenía por donde perderme, pero el final, EL FINAL, me decepcionó a cagar. 

Lo primero es que pueden ver la película y leer la novela porque, exceptuando las motivaciones y algunos personajes, es muy diferente una de la otra. Por lo mismo a veces me cuesta decir que es de esos casos en que la película supera al libro. Lo segundo es que la novela, como dije, no es mala, es super atrapante; Pinner, que era actor de profesión, se peinó con esta obra que nació como cuento, siguió como novela y terminó como guión, pero no sé si me perdí de algo, si andaba medio pavo ese día, porque cuando la narrativa concluyó sentí que el nudo más grande nunca se desató. No les spoilearé nada, solo diré que igual el final no es tan esperable, pero deja sin resolver el misterio principal. Si no es así, escríbanme y explíquenme qué me perdí. Igual en un par de años más la releo.

Pero si algo si repito constantemente es la película, geneticamente superior, en mi PC.

La versión cinemática es bellísima de principio a fin. Algo que llama la atención al tiro, y que invoca al post (porque habrán notado en estos 10 años que no subo películas [más que nada por flojera]), es que la música tiene mucha importancia para la atmósfera de la historia. Unas veces es incidental y muchas otras diegética (que suena dentro de la peli, no como una abstracción emocional auditiva), pero siempre es folk. Antes de tirarme con lo musical, un pequeño resumen para los que no la han visto:

La historia parte con un policía de la ciudad, el recién desposado sargento Neil Howie, que llega a una islita entre las Hébridas llamada Summerisle, en respuesta a una denuncia por la desaparición de la pequeña Rowan Morrison. En el pueblo la gente no se muestra muy cooperativa o lo hacen tonto con información contradictoria. Como la investigación se alarga, se hospeda por unos días en el pueblo y presencia lo que él, un cristiano practicante y muy piadoso, considera actos pecaminosos y derechamente paganos. Igual es fuerte salir de noche siendo católico de piedra en el pecho y ver parejas apareándose en el pasto o minas en pelota frotándose con las tumbas en el cementerio. Lo que para el palurdo de a pie es erección y paja oculta, para un cristiano temeroso de Dios es invitación a rezar hasta que salga el sol. A medida que avanza la investigación, conoce a diversos personajes que profesan su paganismo en un culto a la fertilidad, otros que buscar hacerle caer en pecado y otros que le advierten irse de la isla antes del festival de mayo. Howie no se rinde, lo ve como una cruzada contra lo impío y se viene el drama. No contaré el final, obvio, pero creo que cualquier referencia a este es inescapable. Muy visto en fotos, si, pero no es como ver la película. Y como les decía, escuchar la música, que alimenta mucho cada escena e incluso refleja el espíritu de una época. Pero antes un pequeño consejo: una weá importante del cine de terror, una herramienta que veo poco en sus consumidores, es la empatía. Es difícil sentir miedo si no entras en el personaje. Si no sientes en tu carne, si no te pones en la situación, de la "Chica final" de los clichés del cine Slasher o si no entras de lleno al juego de la tensión de los sobrevivientes al ataque del monstruo que puede salir de cualquier esquina, no disfrutarás de verdad ninguna película. Y el tema con The Wicker Man, cosa que también pasa con El Exorcista, es que si no ves la situación desde el prisma cristiano, desde la moral y la tenacidad del creyente, que cree que su mundo es inamovible, que solo existe su verdad y todo lo demás son ilusiones del mal, tampoco verás la verdadera gema de rojo sangre que esconde el cine de terror religioso. O en el terror folk, ese género que tuvo su apogeo hasta hace un año y la pandemia aplacó un poco (dicho sea de paso, esta película es fundamental para ese subgénero). Es necesario ponerse en los zapatos del protagonista, en ese caso, y en esos géneros, donde lo que peligra es tu credo y tu cordura antes que tu integridad, es vital tener aunque sea una chispa de creencia para verla peligrar. Al final del día, si buscan la emoción más allá del jumpscare barato y el asco de las vísceras, apliquen eso. Poco a poco hasta podría trascender a sus vidas.

No sé, digo yo.

Ahora a lo que te truje. La música es puro folk. Folk inglés, ese con harta guitarra, flautas y tambores de mano. Y como les dije, las canciones son importante y relevantes porque, en la suma, todas versan sobre sexo, sensualidad y fertilidad. De hecho, en la parte de atrás del vinilo (que terminé comprando dos veces porque puta que amo la banda sonora [y porque el primero se me rayó al caer sobre la cuerda de la banjotarra]) y referente al Lado A, dice "Canciones de Summerisle. Baladas de seducción, fertilidad y sacrificio ritual". La weá va al grano y no te miente. Temitas tan piolas como "Corn Rigs", la canción que abre el disco y complementa la llegada de Howie a la isla, ya habla sobre tener sexo en los maizales. Y que hablar de "The Landlord's Daughter" y "Gently Johnny", interpretada por la banda misma dentro de la película en el pub "The Green Man". La primera es un montón de piropos sexuales a la hija del tabernero, que iniciaba a los jovencillos del pueblo, con líneas tan poéticas como coshinas, como "Oh, nothing can delight so/ As does the part that lies between/ Her left toe/ And her right toe" (o en gallego "Nada es más placentero/Que la parte entre/Su pie izquierdo/Y el derecho" [traduje toe por pie por ritmo, chúpenlo]). Lo mismo "The Tinker of Rye", toda una metáfora sexual sobre la elasticidad (o la falta de) de las partes nobles femeninas interpretada al piano por Sir Christopher Lee y la bellísima Diane Cilento, con ese acento duro que yo juraba era alemán o nórdico. Pero si hablamos de sensualidad y belleza, más que de sexualidad y fluidos, tenemos la divina "Willow's Song", con una escena cargada de erotismo y tensión que te hace olvidar que estamos en una película de terror. De hecho, si escuchan esta canción o el disco sin ningún contexto, no se diferenciaría de escuchar algo de Pentangle, Fairport Convention o la chorrera de bandas folk británicas de mitad de los 60 a mitad de los 70. Pero si ven primero la peli deténganse en esa escena, de Willow bailando y cantando esa canción. La voz, los violines y la percusión conjugan muy, muuuuuy bien con la escena. Me da rabia no verla en esas listas siúticas de cine arte.

Saliendo de lo sexual y sensual... bueno, saliendo pero en la misma cuadra, hay piezas más típicas como "Maypole", "Fire Leap" y todo el Lado B (que parte desde "Procession") que nacen del folklore inglés medieval. El compositor y compilador Paul Giovanni no las eligió al peo: muchas son canciones relacionadas con los cultos a la fertilidad y a la fiesta de Mayo, dedicada al regreso del verano y agradecimientos y peticiones a la tierra en pos de sus frutos. Por eso "Maypole" la cantan bailando alrededor de un símbolo fálico como es el Tronco de mayo (adaptado en Chilotelandia como el palo ensebado, que se juega en plena transición al equinoccio primaveral). Las piezas de interés histórico se esconden más en los temas instrumentales, como "Procession", que viene de una melodía escocesa llamada Fausse Foodrage (escocesa según las notas al interior del disco), "Chop Chop" (de la escena del desafío de las espadas) vendría siendo la canción infantil "Oranges and Lemons" y la misma "Baa Baa Black Sheep" (estrellita, ¿donde estás? para nosotros, meros mortales sudacas) de "Searching for Rowan", que se supone es coronada por un solo de guitarra que parafrasea a "Hey Johnny Cope", pero no le veo mucho parecido. Eso o tengo sueño, no sé. También hay una canción, la primera que suena cuando abre la película, llamada "The Highland Widow's Lament", llamada "Opening Music" en el tracklist porque razones. Una triste tonada traspasada del escocés al inglés contemporáneo sobre una mujer que muere de hambre. De hecho, aunque está ambientada en las islas cercanas a Escocia, hay más folklore inglés e irlandés que escocés. Weás de ellos.

Ah, y antes que me olvide, la joya de la corona po. "Sumer ist A-Cumen in". Este temazo es de tres partes, comenzando por "Festival", que es la pequeña apertura que estoy seguro debió existir antes pero no cacho la fuente; Mirie It is, una canción de añoranza por el verano que se va del siglo XIII y ya cuando los bronces y las percusiones ganan fuerza, la melodía cadenciosa nos menea y llegan a esa pausa donde un enorme tambor ominoso marca cuatro golpes, entran los coros de "Sumer is icumen in", una ronda del siglo XIII adaptada del inglés medio al nuevo, todos cantando en alegría y espíritu de comunidad,justo en el momento más fuerte de la película. Es bonita la canción, me encanta, una buena canción grupal para celebrar la llegada del verano, pero en el contexto de la película es pa la pichula. Se genera una sensación de desvalidez ante lo irracional que, si hiciste la tarea de meter la empatía y la simpatía a la experiencia, te va a dejar con la cara por el suelo.


Antes de dejarlos con el disco y la quinta o enésima invitación a ver la película si no la han visto, un par de datos curiosos para que sean el alma de la fiesta, cuando los invitados se han ido y no tengan a quien meter a las sillas de mimbre dispuestas como cárcel en el patio:

Al contrario de lo que uno supondría por lo que se ve en la película, la hermosa voz que canta Willow's Song no es de Britt Ekland, la actriz detrás de Willow, sino de una pequeña siniestra llamada Lesley Mackie. ¿Quién es y por qué siniestra? Ella aparece en la película: es la pendeja de la escuela que tiene amarrado a un escarabajo en la mesa de Rowan y le cuenta a Howie, en un tono muy maluli, como el escarabajo caminará en círculos alrededor del clavo en que está atado hasta que termine atrapado por su propio movimiento. Es como una Malicha con voz de ángel. De un ángel que invita a yacer en el tálamo amoroso... como Angewomon o algo así... no sé, no pesquen eso.

La banda Magnet, que interpreta las composiciones y arreglos de Giovanni, existió solo para esta película y, como mencioné por ahí, tiene su aparición en la película tocando sus propios instrumentos.

Esto no es tan anecdótico, pero... o sea, sí, si lo es, pero también mitad aclarativo: esta versión está tomada del tracklist establecido por la edición del 2003. La primera versión publicada fue en 1998, con un orden diferente y muchos extractos de audio de la película, pero una calidad no muy buena, le faltaba "Gently Johnny" y parte de "Willow's Song". Ya con la edición y la lista del 2003, reconstruida en base a la misma del 98 y unas cintas que guardaba Gary Carpenter, director musical asociado de la peli, se mantuvo un canon que es el que sigue publicándose. No obstante, antes de eso, el 2001 el etnomusicólogo David Fanshawe digitalizó y restauró una versión en casete de The Wicker Man y se convirtió en la primera persona en escucharlo en el formato "del futuro". La segunda persona fue Paul Giovanni, un par de semanas antes de sucumbir a los estragos del SIDA.


Y cierro con una recomendación repetida: en estos tiempos de pérdida de identidad, vida acelerada y ecosistema moribundo, el terror folk tiene las de ganar. Muchos deben conocer el género, pero quien no más de una vez habrá recibido esta misma recomendación: The VVitch. Está trilladísima, pero por alguna razón. Muchos la encuentran soporífera, lenta, rara, nada aterradora, pero si están en esa vereda entonces apliquen un poco de lo que expliqué sobre la empatía e inmersión en el terror. Tanto The VVitch como las que la precedieron y sucedieron requieren un ritmo adecuado a una vida apaciguada, más tranquila que el mundo de mierda en que vivimos y por ende que inspira mayor serenidad, donde no esperarías que lo que le contabas a los cabros chicos para que se callen de verdad esté ahí afuera, esperando destruirte. Es también ese miedo a lo que no conocimos, al mundo que quedó atrás y ahora no es más que esqueletos y árboles secos, a esas religiones que nos parecen aún más irracionales que de costumbre, donde la muerte no es un final y muchas veces un ritual. Uno, un simple payaso de ciudad que se las da de vivo en grupo, asediado por gente cuyas costumbres se nos escapan. La imprevisibilidad va en aumento a medida que más nos adentramos en esos mundos, las sombras viven y nos acercamos a un abismo resbaloso donde no tenemos asidero. Midsommar, Los niños del maíz, La noche del demonio de Jacques Tourner (un clásico y favorito personal) y la antología The Field Guide of Evil son un puñado de ejemplos del género. Hay de eso y más, ahí elijan.

Ah, pero primero la musiquilla. Y aprovechen la carga erótica lírica, en serio, es pulentoso

Piensen en mí cuando hayan tenido el mejor sexo de sus vidas


jueves, 14 de octubre de 2021

Orange Tulip Conspiracy - homónimo (2008)

 Mira tú que están de cuea. Si son Vivaldis, vieron mi post de despedida del 2019 (AVE ATQUE VALE, muy triste) y habrán leído la lista de recomendaciones que dejé. Pirers me la pidió como playlist de Spotify, pero me excusé diciendo que soy malo pa las playlists cuando en verdad me dio paja. Tengo playlist hasta para hacer ejercicios y ya ni hago. Sorry viejo. La cosa es que en esta lista tiré una montonera de bandas de diversos estilos y también uno que otro disco, sin importar la banda detrás. Una de estas tiene relación con un favorito de la casa cuya discografía nunca terminé de subir completa (tranquis, se viene... aunque ya deben tenerlas desde hace 10 años, cuando empecé [diez años, weón, como pasa el tiempo con la pandemia culia...]): estoy hablando de los mutantes virtuosos de Estradasphere. O sea, si, hablo de ellos como la banda, pero en verdad el disco que traigo fue un lanzamiento único de una banda derivada de Estradasphere, dirigida por Jason Schimmel (Estradasphere y Secret Chiefs 3) con los varios otros músicos, pero un enfoque diferente. Este proyecto se llamó Orange Tulip Conspiracy y nos cegó en un destello áureo con un solo disco. ¿Cuantas veces he dicho que fue un album único? Tengo que empezar a revisar lo que escribo.


 

Orange Tulip Conspiracy es netamente instrumental. Ahí está la diferencia primordial con Estradasphere. Mientras que la superbanda buscaba una fusión monstruosa de estilos en cada tema, aplicándolo en cada instrumento, sumando la voz, OTC aspira a crear la banda sonora de una película invisible. No es algo que no se haya hecho antes: ya lo vimos con los mismos SC3, posteados aquí también, en su saludo a Goblin titulado Le Mani Destre Recise Degli Ultimi Uomini. Pero mientras SC3 mantenía una coherencia estilística acorde al giallo inexistente al que le hacía la música, OTC pega, suelda y crea esculturas sonoras con distintos ambientes en lo que busca ser una película sin un guión aparente. Por otra parte, OTC es practicamente una orquesta: 21 músicos de los buenos, la creme de la creme de la escena jazzística progresiva, amigos de Estradasphere, unidos por el lulz. De hecho, cada cierto tiempo los cabros de Estradasphere se reunen y sacan algún proyecto nuevo. Más o menos por el 2012, quizás un poco después, se cambiaron el nombre y se llamaron Atomic Ape, después Red Fiction. Por su parte, Tim Smolens, también de los Estradas, tiene High Castle Teleorkestra con Timba Harris y Bär McKinnon (sip, el mismo que tocaba el sax en Mr. Bungle). No, si hablamos de proyectos estos cabros tienen siempre como entretenerse. Y digo entretención, porque en verdad dudo que ganen las carretilladas de plata que sacaría Patton con sus bandas. Y ustedes cachan que no lo digo como poniéndolo en contraposición envidiosa: acá se ama a Patton. Acá se IMITABA a Patton hasta la horrible faringitis del 2011 chupaloentonces.

Retomando a la Conspiración del Tulipán Naranja... ¿qué se espera encontrar adentro? Pues ya la pequeña pista visible desde el espacio de la presencia de los Estradasphere (¿cuántas veces he dicho Estradasphere? Insistiré con mi revisión, pero no me pescaré) lo dice todo. Puta, mínimo tres géneros musicales por tema. El álbum abre con The Bourbon Theater, una pieza de jazz medio bebop, muy a la Django Reinhart, con su buena dotación de vientos y guitarra, digna de abrir una película de los años 20, muy ágil y entretenida. Cada instrumento tiene su parte, recordándonos que estamos escuchando más una orquesta que una banda convencional de rock o algún símil.

Hay piezas perfectas y hermosas. No digo que la apertura no lo sea, pero weón, Rendezvous... tienen que escucharla. Este mismo tema ya había sido lanzado en el EP de Estradasphere The Pegasus Vault, pero como NO LO HE SUBIDO aquí  lo tienen. Es una composición cargada de misterio y un dejo de nostalgia de cine negro. Las cuerdas crean un áurea oscura, que el saxofón nutre con sensualidad y melancolía, pero de pronto, a medida que las percusiones se enrevesan, llega el toque de marimba, el ritmo se aclara y un aire medio balcánico da cuerpo a la historia sonora, entonces BAM, la bataca ataca y las cuerdas generan suspenso, pero la guitarra jazzera nos trae a tierra y, puta, no seguiría describiéndolo porque las palabras no le hacen justicia. Si me lo venden diciéndome que es una película sonora y lo escucho completo sí, percibiría más un toque de collage que una cohesión, pero Rendezvous por si sola ya es una historia. Lo mismo la grandilocuente y orquestal The Dinasty, la pesada Nembutals y, la oriental y mística Fall Creek. Son todas un collage de escenas, como una película de antología. Y cada una engaña, empieza de una manera y continua diferente, tiene vida propia, un principio, un cuerpo mutante y un final engañoso. Pero si hablamos de "espera, ¿estoy escuchando el mismo tema o pasaron 3 en 50 segundos?" sería imposible no mencionar la bellísima Golden Days of the Sun. Abre jazz, continua un funk ácido preciosísimo, con un saxofón reverberante, una guitarra metiendo un groove y otra dialogando en aparente soledad con ese saxofón, hasta que viene un cambio de tiempo, de ritmo y de pronto todo cambia alrededor y la guitarra riffea, la batería vuela y el piano a la temas funketes de Taxi Driver deviene en un órgano psicodélico. Las escenas son más difusas, pero el tema sigue ganando cuerpo, crece y muta y pareciera que nunca va a terminar. Debe ser uno de los instrumentales de cuatro minutos más variopintos que he escuchado en, no sé, harto. Y que llevo más de 10 años escuchándolo y la emoción nunca se me va.

Ya, me devolví corriendo para agregar esta parte: mentí. Digo, mentí porque no es 100% instrumental. 99,1% quizás. La última canción, bautizada como Untitled en el disco (me imagino que en el CD será algún bonus track oculto, o simplemente el final si es que lo dejas corriendo un minuto pasado el silencio de Ignis Fatuus) y conocida en vivo como Lasting Impressions, es una balada en clave de honky tonk lento, como la música estereotípica del vaquero que anda a paso de tortuga en su caballo a todo sol, narrada y cantada por un visitante a un bar. Siempre he querido saber la letra de la canción, pero solo he descifrado parte de esta. Ser traductor no te hace un descifrador de letras por defecto. Sería como pedirle a un traductor gringo a español que te diga que mierda canta Alejandro Sanz. Al menos el gringo Schimmel modula.

En todo caso ignoren lo que describí. Sean ustedes los directores de la película. Conviértanla en un solo género (se nota en todo caso la influencia noir, medio Casablanca, medio Halcón Maltés, pero harto Bogart, no sé por qué) o vean que le sacan. Al fin y al cabo, en el mundo sensorial cada uno crea su mundo. Weá de ustedes.

Ah, pero escúchenlo. No lo pongan de fondo, escúchenlo. Y no me alargo más porque no sé qué.