viernes, 22 de octubre de 2021

Magnet y Paul Giovanni - The Wicker Man OST (1973)

 Tercera u octava vez en que lo digo, pero voy de nuevo: Soy un hombre de rituales. Me salté el fiestopatrio porque me dio paja... ah no, cuando volví fue por el 18... bueno, estaba muy drogado para darme cuenta. O sea, no tan drogado, como conté esa vez creí que me embarcaría en un buen viaje ácido y solo terminé en una frenética explosión de ideas por las nefastas anfetas. En serio, legalicen los entéogenos. Ah si, el post.

El ritual del mes es más que obvio. En los tiempos en que posteaba seguido era habitual, contenía al menos cuatro discos y un especial en texto, sea de la difunta sección Memento Mori o el anónimo especial de penaduras y videos. Ahora, con la misma cantidad de tiempo que antes, pero mayor reconocimiento de que hay veces en que debo ceder ante el peso inconmesurable del ennui y la paja (en sus dos acepciones), veré si cubro al menos la mitad de lo que alguna vez hice. No prometo nada, pero prometo algo:

eh... no sé.



Toda la vida he sido fanático del cine de terror. Cuando chico me cagaba de miedo viéndolas, me tapaba los ojos, me daban pesadillas... La Mosca de Cronenberg y el remake de finales de los 80 de The Blob, conocido en latinoamérica como La Mancha Voraz, me enamoraban y aterraban. Ya más viejo, con acceso a la piratería en la feria y a VCD de pésima calidad, convertí ese amor pasajero en amor comprometido. Ahora estoy tan familiarizado con el género que ya no salto de miedo y rara vez tengo pesadillas, pero me gusta tanto que cada película me llega más por un tema de estética que por cuantas veces solté la vejiga viéndola. Es un amor más adelantado que la mera atracción física: si, bacán el gore o el suspenso, pulento el jumpscare bien ubicado y no abusado, pero los detalles propios del género y el conjunto metafísico son donde se esconde el verdadero  espíritu vital de la película.

No sé, weás de snob (que no soy... quizás un poco con las de terror, pero la aparición de otro snob la anula).

Hablando de ese paréntesis, ahí es donde para muchos guateo. En mi familia me conocen por eso. Cuando iba al valle mis tías sabían que llevaría un montón de DVD piratas con 3 películas de terror cada una y que al menos un par les gustaría, más que nada porque de gore barato empecé a pasar a terror más psicológico, a veces más "artsy", pero si menos predecible y, para muchos, menos terrorífico. O si hablaba con alguien que también hacíase llamar amante del terror, me preguntaba sobre mi película favorita de terror de todos los tiempos (acotando más y más la película, porque me costaría llegar a concenso) y emanaban decepción en vez de feromonas cuando les nombraba El Exorcista o La Mosca. Son buenísimas, es innegable, pero para los snobs son muy normies. "Qué weá más vanilla que asustarte con El Exorcista", dicen. Pero eso no las hace más malas, que hayan sido éxitos de taquilla y las películas emblema de sus directores no las empeora por la conchetumare Y NO TE DOY OTRA NO MÁS PORQUE la gente ha sido respetuosa con mi opinión. Entonces, no tengo perra idea en que año, me compré un Taschen de cine de terror y en el bien seleccionado listado de películas por categoría vi una que juré de guata haber leído mencionada en más de una parte. La imagen principal era un hombre de madera quemándose, otra foto mostraba a Christopher Lee de brazos abierto y con la chasca al viento y tipos con máscaras de animales en lo que parecía un pueblo inglés. The Wicker Man, decía. "El hombre de mimbre", también, porque estaba traducido en Hispania. Quizás la vi antes... me acuerdo poco.

"La bajé, la vi, la amé", dijo Julio César.... OOOH CTM! ¡La tiré sin querer!

Les explico. El "Veni, vidi, vinci" es obvio, la weá es que Julio César describió a esta figura terrible en su "La Guerra de las Galias". Según JC, los galos tenían un método horrible de sacrificio con ese nombre y constaba de una figura humana construida de madera y mimbre, con una jaula en su torso, donde se metían prisioneros de guerra u otros sacrificios idóneos para quemarlos vivos. El olor a chicharrón y los gritos debieron ser pal pico, pero estamos hablando de los años de bonanza del imperio romano. Eran cosas normales que bajaron la intensidad con los primeros años del cristianismo y subieron a 11 en sus segundos años. No obstante, muchos historiadores y arqueólogos han dicho que eso no es más que la clásica campaña demonizadora del enemigo en tiempos de guerra. Obviamente el pueblo romano, que solo sacrificaba vacas y culeaba con burros de ambos sexos en Pompeya, necesitaba ver a los bárbaros galos como algo peor que ellos. Solo les faltaba comer guaguas y mear en los pies de Júpiter. No obstante, el mito persistió. Pasas que cosan cuando la realidad es fome para nuestras mentes sedientas de drama. De todas formas se agradece su pervivencia, o no habríamos tenido este peliculón.


The Wicker Man, película británica de Robert Hardy, nace como guión inspirado por una novela de David Pinner llamada Ritual. Existe en español, la publicó Alpha Decay con una bellísima presentación y tuve el placer inconcluso de leerla. Digo eso porque sí, me encantó, me gustó, siendo una novela de suspenso con temática pagana no tenía por donde perderme, pero el final, EL FINAL, me decepcionó a cagar. 

Lo primero es que pueden ver la película y leer la novela porque, exceptuando las motivaciones y algunos personajes, es muy diferente una de la otra. Por lo mismo a veces me cuesta decir que es de esos casos en que la película supera al libro. Lo segundo es que la novela, como dije, no es mala, es super atrapante; Pinner, que era actor de profesión, se peinó con esta obra que nació como cuento, siguió como novela y terminó como guión, pero no sé si me perdí de algo, si andaba medio pavo ese día, porque cuando la narrativa concluyó sentí que el nudo más grande nunca se desató. No les spoilearé nada, solo diré que igual el final no es tan esperable, pero deja sin resolver el misterio principal. Si no es así, escríbanme y explíquenme qué me perdí. Igual en un par de años más la releo.

Pero si algo si repito constantemente es la película, geneticamente superior, en mi PC.

La versión cinemática es bellísima de principio a fin. Algo que llama la atención al tiro, y que invoca al post (porque habrán notado en estos 10 años que no subo películas [más que nada por flojera]), es que la música tiene mucha importancia para la atmósfera de la historia. Unas veces es incidental y muchas otras diegética (que suena dentro de la peli, no como una abstracción emocional auditiva), pero siempre es folk. Antes de tirarme con lo musical, un pequeño resumen para los que no la han visto:

La historia parte con un policía de la ciudad, el recién desposado sargento Neil Howie, que llega a una islita entre las Hébridas llamada Summerisle, en respuesta a una denuncia por la desaparición de la pequeña Rowan Morrison. En el pueblo la gente no se muestra muy cooperativa o lo hacen tonto con información contradictoria. Como la investigación se alarga, se hospeda por unos días en el pueblo y presencia lo que él, un cristiano practicante y muy piadoso, considera actos pecaminosos y derechamente paganos. Igual es fuerte salir de noche siendo católico de piedra en el pecho y ver parejas apareándose en el pasto o minas en pelota frotándose con las tumbas en el cementerio. Lo que para el palurdo de a pie es erección y paja oculta, para un cristiano temeroso de Dios es invitación a rezar hasta que salga el sol. A medida que avanza la investigación, conoce a diversos personajes que profesan su paganismo en un culto a la fertilidad, otros que buscar hacerle caer en pecado y otros que le advierten irse de la isla antes del festival de mayo. Howie no se rinde, lo ve como una cruzada contra lo impío y se viene el drama. No contaré el final, obvio, pero creo que cualquier referencia a este es inescapable. Muy visto en fotos, si, pero no es como ver la película. Y como les decía, escuchar la música, que alimenta mucho cada escena e incluso refleja el espíritu de una época. Pero antes un pequeño consejo: una weá importante del cine de terror, una herramienta que veo poco en sus consumidores, es la empatía. Es difícil sentir miedo si no entras en el personaje. Si no sientes en tu carne, si no te pones en la situación, de la "Chica final" de los clichés del cine Slasher o si no entras de lleno al juego de la tensión de los sobrevivientes al ataque del monstruo que puede salir de cualquier esquina, no disfrutarás de verdad ninguna película. Y el tema con The Wicker Man, cosa que también pasa con El Exorcista, es que si no ves la situación desde el prisma cristiano, desde la moral y la tenacidad del creyente, que cree que su mundo es inamovible, que solo existe su verdad y todo lo demás son ilusiones del mal, tampoco verás la verdadera gema de rojo sangre que esconde el cine de terror religioso. O en el terror folk, ese género que tuvo su apogeo hasta hace un año y la pandemia aplacó un poco (dicho sea de paso, esta película es fundamental para ese subgénero). Es necesario ponerse en los zapatos del protagonista, en ese caso, y en esos géneros, donde lo que peligra es tu credo y tu cordura antes que tu integridad, es vital tener aunque sea una chispa de creencia para verla peligrar. Al final del día, si buscan la emoción más allá del jumpscare barato y el asco de las vísceras, apliquen eso. Poco a poco hasta podría trascender a sus vidas.

No sé, digo yo.

Ahora a lo que te truje. La música es puro folk. Folk inglés, ese con harta guitarra, flautas y tambores de mano. Y como les dije, las canciones son importante y relevantes porque, en la suma, todas versan sobre sexo, sensualidad y fertilidad. De hecho, en la parte de atrás del vinilo (que terminé comprando dos veces porque puta que amo la banda sonora [y porque el primero se me rayó al caer sobre la cuerda de la banjotarra]) y referente al Lado A, dice "Canciones de Summerisle. Baladas de seducción, fertilidad y sacrificio ritual". La weá va al grano y no te miente. Temitas tan piolas como "Corn Rigs", la canción que abre el disco y complementa la llegada de Howie a la isla, ya habla sobre tener sexo en los maizales. Y que hablar de "The Landlord's Daughter" y "Gently Johnny", interpretada por la banda misma dentro de la película en el pub "The Green Man". La primera es un montón de piropos sexuales a la hija del tabernero, que iniciaba a los jovencillos del pueblo, con líneas tan poéticas como coshinas, como "Oh, nothing can delight so/ As does the part that lies between/ Her left toe/ And her right toe" (o en gallego "Nada es más placentero/Que la parte entre/Su pie izquierdo/Y el derecho" [traduje toe por pie por ritmo, chúpenlo]). Lo mismo "The Tinker of Rye", toda una metáfora sexual sobre la elasticidad (o la falta de) de las partes nobles femeninas interpretada al piano por Sir Christopher Lee y la bellísima Diane Cilento, con ese acento duro que yo juraba era alemán o nórdico. Pero si hablamos de sensualidad y belleza, más que de sexualidad y fluidos, tenemos la divina "Willow's Song", con una escena cargada de erotismo y tensión que te hace olvidar que estamos en una película de terror. De hecho, si escuchan esta canción o el disco sin ningún contexto, no se diferenciaría de escuchar algo de Pentangle, Fairport Convention o la chorrera de bandas folk británicas de mitad de los 60 a mitad de los 70. Pero si ven primero la peli deténganse en esa escena, de Willow bailando y cantando esa canción. La voz, los violines y la percusión conjugan muy, muuuuuy bien con la escena. Me da rabia no verla en esas listas siúticas de cine arte.

Saliendo de lo sexual y sensual... bueno, saliendo pero en la misma cuadra, hay piezas más típicas como "Maypole", "Fire Leap" y todo el Lado B (que parte desde "Procession") que nacen del folklore inglés medieval. El compositor y compilador Paul Giovanni no las eligió al peo: muchas son canciones relacionadas con los cultos a la fertilidad y a la fiesta de Mayo, dedicada al regreso del verano y agradecimientos y peticiones a la tierra en pos de sus frutos. Por eso "Maypole" la cantan bailando alrededor de un símbolo fálico como es el Tronco de mayo (adaptado en Chilotelandia como el palo ensebado, que se juega en plena transición al equinoccio primaveral). Las piezas de interés histórico se esconden más en los temas instrumentales, como "Procession", que viene de una melodía escocesa llamada Fausse Foodrage (escocesa según las notas al interior del disco), "Chop Chop" (de la escena del desafío de las espadas) vendría siendo la canción infantil "Oranges and Lemons" y la misma "Baa Baa Black Sheep" (estrellita, ¿donde estás? para nosotros, meros mortales sudacas) de "Searching for Rowan", que se supone es coronada por un solo de guitarra que parafrasea a "Hey Johnny Cope", pero no le veo mucho parecido. Eso o tengo sueño, no sé. También hay una canción, la primera que suena cuando abre la película, llamada "The Highland Widow's Lament", llamada "Opening Music" en el tracklist porque razones. Una triste tonada traspasada del escocés al inglés contemporáneo sobre una mujer que muere de hambre. De hecho, aunque está ambientada en las islas cercanas a Escocia, hay más folklore inglés e irlandés que escocés. Weás de ellos.

Ah, y antes que me olvide, la joya de la corona po. "Sumer ist A-Cumen in". Este temazo es de tres partes, comenzando por "Festival", que es la pequeña apertura que estoy seguro debió existir antes pero no cacho la fuente; Mirie It is, una canción de añoranza por el verano que se va del siglo XIII y ya cuando los bronces y las percusiones ganan fuerza, la melodía cadenciosa nos menea y llegan a esa pausa donde un enorme tambor ominoso marca cuatro golpes, entran los coros de "Sumer is icumen in", una ronda del siglo XIII adaptada del inglés medio al nuevo, todos cantando en alegría y espíritu de comunidad,justo en el momento más fuerte de la película. Es bonita la canción, me encanta, una buena canción grupal para celebrar la llegada del verano, pero en el contexto de la película es pa la pichula. Se genera una sensación de desvalidez ante lo irracional que, si hiciste la tarea de meter la empatía y la simpatía a la experiencia, te va a dejar con la cara por el suelo.


Antes de dejarlos con el disco y la quinta o enésima invitación a ver la película si no la han visto, un par de datos curiosos para que sean el alma de la fiesta, cuando los invitados se han ido y no tengan a quien meter a las sillas de mimbre dispuestas como cárcel en el patio:

Al contrario de lo que uno supondría por lo que se ve en la película, la hermosa voz que canta Willow's Song no es de Britt Ekland, la actriz detrás de Willow, sino de una pequeña siniestra llamada Lesley Mackie. ¿Quién es y por qué siniestra? Ella aparece en la película: es la pendeja de la escuela que tiene amarrado a un escarabajo en la mesa de Rowan y le cuenta a Howie, en un tono muy maluli, como el escarabajo caminará en círculos alrededor del clavo en que está atado hasta que termine atrapado por su propio movimiento. Es como una Malicha con voz de ángel. De un ángel que invita a yacer en el tálamo amoroso... como Angewomon o algo así... no sé, no pesquen eso.

La banda Magnet, que interpreta las composiciones y arreglos de Giovanni, existió solo para esta película y, como mencioné por ahí, tiene su aparición en la película tocando sus propios instrumentos.

Esto no es tan anecdótico, pero... o sea, sí, si lo es, pero también mitad aclarativo: esta versión está tomada del tracklist establecido por la edición del 2003. La primera versión publicada fue en 1998, con un orden diferente y muchos extractos de audio de la película, pero una calidad no muy buena, le faltaba "Gently Johnny" y parte de "Willow's Song". Ya con la edición y la lista del 2003, reconstruida en base a la misma del 98 y unas cintas que guardaba Gary Carpenter, director musical asociado de la peli, se mantuvo un canon que es el que sigue publicándose. No obstante, antes de eso, el 2001 el etnomusicólogo David Fanshawe digitalizó y restauró una versión en casete de The Wicker Man y se convirtió en la primera persona en escucharlo en el formato "del futuro". La segunda persona fue Paul Giovanni, un par de semanas antes de sucumbir a los estragos del SIDA.


Y cierro con una recomendación repetida: en estos tiempos de pérdida de identidad, vida acelerada y ecosistema moribundo, el terror folk tiene las de ganar. Muchos deben conocer el género, pero quien no más de una vez habrá recibido esta misma recomendación: The VVitch. Está trilladísima, pero por alguna razón. Muchos la encuentran soporífera, lenta, rara, nada aterradora, pero si están en esa vereda entonces apliquen un poco de lo que expliqué sobre la empatía e inmersión en el terror. Tanto The VVitch como las que la precedieron y sucedieron requieren un ritmo adecuado a una vida apaciguada, más tranquila que el mundo de mierda en que vivimos y por ende que inspira mayor serenidad, donde no esperarías que lo que le contabas a los cabros chicos para que se callen de verdad esté ahí afuera, esperando destruirte. Es también ese miedo a lo que no conocimos, al mundo que quedó atrás y ahora no es más que esqueletos y árboles secos, a esas religiones que nos parecen aún más irracionales que de costumbre, donde la muerte no es un final y muchas veces un ritual. Uno, un simple payaso de ciudad que se las da de vivo en grupo, asediado por gente cuyas costumbres se nos escapan. La imprevisibilidad va en aumento a medida que más nos adentramos en esos mundos, las sombras viven y nos acercamos a un abismo resbaloso donde no tenemos asidero. Midsommar, Los niños del maíz, La noche del demonio de Jacques Tourner (un clásico y favorito personal) y la antología The Field Guide of Evil son un puñado de ejemplos del género. Hay de eso y más, ahí elijan.

Ah, pero primero la musiquilla. Y aprovechen la carga erótica lírica, en serio, es pulentoso

Piensen en mí cuando hayan tenido el mejor sexo de sus vidas


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