miércoles, 29 de diciembre de 2021

Joe Meek and the Blue Men - I Hear a New World (1960)

Se va el año. Creo que, en mis tiernos 33 años cabalísticos en este plano terrenal, ha sido el año más corto que he vivido. Pero sobrevivimos, sobreviví, y aunque trajimos 8 posteos con música, siete más que el año pasado, el año me pasó volando al lado, zumbando como una bala en el Somme y arrancando parte de mi carne en el trayecto. Este año me tocó a mi dar el cierre a una suerte de microrelación, pero en ese "fortalecimiento" siento que perdí harto. Como un soldado que mira al horizonte tras su primera lluvia de morteros, con el tiempo no siento nada y mi mirada se pierde en un vacío sin fondo. No congenié siquiera con los part-time, fue muy raro todo. Y los días pasaban como gotas de lluvia por la ventana e intentaba tocarlos, pero estaban al otro lado del vidrio y el calor de mis dedos aumentaba su fluir en descenso. Pero eso es lo que la sociedad quiere. Ya, pero pa no dar la cacha recordando weás de principio de año que pegaron pa largo... ¿cómo estuvo Yule? Espero que Papá Puerco se haya rajado con una buena provisión de ropa interior y una hora pagada al psicólogo, los dos regalos más preciados si pasaron la barrera de los 25. Y en lo positivo, igual fue una buena semana mal llamada año, con hartos juegos jugados, libros leídos y películas vistas. Todo en una semana.

Hoy es el último post del año, he ahí lo nostalgicón. Igual quedan dos días, facilmente podría improvisar otro mañana, pero sé que la paja siempre será más fuerte. Además llevo tanto flojeando en la escritura, sin escribir una sola puta corrección, siquiera, en los cuentos culiaos que tanto dediqué en crear, y tan sumido en la w33d m33n que siento haber perdido parte de mis sinapsis creativas, que esto puedo considerarlo un trabajillo digital y deducir impuestos o lo que sea que hacía Flanders con las cosas que usaba en el Zurdomercado, no me acuerdo, perdí el hilo, falló la talla. ¿Había talla? Ya ni sé, maestro.

Este post, ese disco, tiene una suerte de historia rara, de esas que les gustan a algunos de ustedes. Versa sobre un concepto musical, un viaje por el éter y un hombre, uno que miraba a las estrellas con curiosidad y levantaba una mano amistosa, saludando a quien viviera allá arriba. Años más tarde, esa mano sostenía una escopeta contra el pecho de una mujer para luego desatar el trueno contra sí mismo. Así empezaba y terminaba la leyenda de Joe Meek.



Joe siempre fue bueno para la electrónica. Juntaba cachibaches electrónicos en el taller de su casa en Gloucestershire, Inglaterra, sirvió como técnico de radar en el ejército y debutó como ingeniero en audio en una radio independiente. La electrónica y los sonidos eran su pasión. Y los fantasmas. Y los extraterrestres. Y molestar a los vecinos con música. 

A mitad de los 50, entró a trabajar en Estudio Landsdowne de Denis Preston, presentador radial, crítico de jazz y productor. Ahí el trompetista Humphrey Lyttelton, un nombre que debiera sonarle más o menos a los parroquianos y a fans de Radiohead (el solo de trompeta fúnebre en Life in a Glass House), grababa Bad Penny Blues y el joven Joe, llevándole la contraria, comprimió el sonido del piano y lo "trajo al frente", en el sentido de dándole más escena al instrumento y sonoramente otorgándole un tono más robusto, casi de bar. Ese tono terminó siendo la base para Lady Madonna de los Beatles, según dicen. No sé, yo solo recuerdo el piano de Hey Bulldog. El encargado de la edición era Preston, pero Meek fue quien fue recordado por la decisión que convirtió al single en un número uno. Lamentablemente, las diferencias en el trabajo fueron más fuertes y Meek se mandó a cambiar. Bueno, no tan lamentablemente. Después de eso, se alió con otro productor y con algo de financiamiento fundaron Triumph Records... que tampoco prosperó mucho. Aquí hay dos puntos a considerar: 1) su temperamento de mierda. Meek sufría de trastorno bipolar y esquizofrenia. Me arriesgo diciéndolo, pero es muy probable que sus trastornos mentales se agravaran con el paso del tiempo debido a su homosexualidad reprimida. En los 60 aun era castigado con cárcel el ser gay y, en su mente paranoica, todos querían perjudicarle y sacarle del closet en público. y 2) si bien Triumph produjo pocos discos, con un solo hitazo, hoy en día los álbumes sobrevivientes son material de coleccionistas. Ergo, a cagar de caros.

Pero los 60s continuan su paso inexorable en el psicodélico Swingin' London y el amor de Joe por la música nunca para. Comienza a trabajar desde su estudio casero, molestando a los vecinos de abajo, editando unos números uno y, de paso, mandándose tremendos cagazos. Porque así como Ulises se pifió al matar al ganado para holocaustos de Helios, a pesar de todas las advertencias, Joe Meek también se equivocó feo más de una vez. En una ocasión, se le ofreció trabajar con un joven melenudo, un tal David Jones, pero a pesar de haber grabado algunos temas, no le gustó. Tiempo más tarde, ese greñudo sería conocido como David Bowie. Otro día, Brian Epstein le mostró el demo de una banda de Liverpool: no es necesario decir quienes. Dijo que ni se moleste en firmar con "otra banda más que solo hace ruido y se roba los trabajos de otros". Otra vez, escuchó cantar al juvenil Rod Stewart, se tapó las orejas, se puso a gritar y le dijo a la banda acompañante que los firmaba, pero que se deshagan del pendejo. Y así.

Algo que le interesaba mucho a Joe era el espacio. Los 60 fueron de principio a fin la década espacial. Los satélites surcaban la termósfera y exósfera, los rusos mandaban animales y hasta personas al espacio y los gringos trasladaban la competencia al nivel técnico. Pero mientras el mundo se preguntaba si la luna estaba hecha de queso de cabra o camembert, Joe levantaba la vista y esperaba que las estrellas albergaran otros sistemas solares con vida inteligente. Su sueño era el contacto con otra especie, el intercambio de tecnología, sentirse menos solo en el universo. Pero en la escena artística musical poco se veía de eso. Las radios estaban llenas de jazz, surf rock y garage rock, más interesados en la vida hedonista británica y de la costa oeste gringa que en levantar los velos de la atmósfera y divisar quien se mueve más allá del éter cósmico. No habiendo interés en el mercado en sacar algo así, en satisfacer sus ansias y curiosidad, Joe llama a una banda de skiffle (una forma de jazz, blues y folk con un sonido muy casero) llamada Rod Freeman & The Blue Men, abreviada a The Blue Men, y escribe, compone y produce un concepto considerado "música de fantasía del espacio exterior". Y dándole un tono profético a su visión proto-futurista del espacio, lo titula  "I Hear a New World".

Hay algo curioso a saber sobre la técnica de composición de Joe Meek. Él no tenía idea de teoría musical ni composición. Solo tenía ideas y cuando estas llegaban, pescaba una grabadora y tarareaba el ritmo o la melodía, según el mensaje cósmico que le llegase. Hay registros, de hecho, de un demo vocal de su hitazo Telstar, en un compilado de música outsider llamado "Songs In the Key of Z". Quizás algún día lo suba, ese concepto artístico me gusta caleta, pero igual está en Spotofiel, aplíquenle ahí por mientras. La cosa es que después este tarareo era reinterpretado por la banda, que bajo la dirección de Meek se concluiría si iba por ahí la música o no.

Grabado aún en Lansdowne (pero publicado por Triumph), las sesiones parecían más la confección de un collage que músicos tocando en un estudio. Joe estiraba cintas, chocaba botellas, soplaba burbujas, sorbía agua por una bombilla, la tiraba por el drenaje y hacía cortocircuitos, para luego editar, recortar, acelerar y alterar todo al punto que los sonidos caseros eran irreconocibles. Esa era la parte "alienígena" del disco. Porque él sabía que algo completamente bizarro no tendría cabida en los oídos terrícolas, así que, bajo su dirección, los Blue Men tocaron algo de un protosurf rock, skiffle y una suerte de pop barroco desnudo de orquestas. La megabanda eran los tonos juguetones y los susurros inquietantes de Meek. La suma terminó siendo un viaje sonoro a un mundo extraterrestre imaginario, que el vocalista Rod Freeman nos presenta como un mundo nuevo que le llama. No hay diferencia entre este disco y Los Supersónicos. Son visiones optimistas y aventureras de vida futura, una ventana abierta a un amanecer soleado en la exploración espacial. Y la voz de Freeman se distorsiona y acelera, como la de Alvin y las ardillas, a un ritmo estival y relajado. Pero entonces vienen las vibraciones magnéticas, las partículas en suspensión y la estática espacial con "Orbit around the Moon". Dicho esto, creo que el viaje imaginario iba a la Luna. Será. Lo importante es ese ritmo pegajoso y pre-psicodélico, muy en la onda de The Tornados, otra banda al alero de Joe.

Y así se van sucediendo escenas extrañas y caricaturescas, como la marcha de la "Entrada de los Globbots", donde solo puedo imaginar seres como esas masitas blancas de Los Herculoides marchando alegres en baja gravedad ante astronautas retro. Lo mismo en la "Marcha de los Dribcots", con más especies dignas de los viajes más psicotrópicos de Hannah-Barbera. Para los fanáticos de Mr. Bungle (que citan a Joe Meek como una gran influencia para su magnum opus Disco Volante), hay una pieza reconocible: "Love Dance of the Saroos", que tocaban en vivo en las giras del disco mencionado. "Glob Waterfall" es la sección más vanguardista del disco, dependiendo más de los efectos sonoros rítmicos de estudio que de la instrumentación, donde un piano fantasmal y un platillo final otorgan el cable a tierra. No estoy seguro de si "Magnetic Field" será una adelantada a su época, pero el ambiente creado por la estática en la cinta y los efectos ya irreconocibles tienen un remoto parecido al "sonido" de los campos magnéticos planetarios. Ya entrando el bajo, la batería galopante y el pianito a la Jean-Jacques Perrey nos tomamos pa la chacota el flotar en este límite gravitacional en que el cuerpo levita y da tumbos en el vacío. "Valley of the Saroos" es casi una balada playera, pero en las playas del Mar de la Tranquilidad, si me preguntan. Si, nadie lo hizo, pero en el espacio no hay sonido. Excepto el que está sonando ahora, ese doo-wop lejano y ajeno, en que el reflejo de la Tierra baila en los mares lunares (son los 60, el público cree esas weás aún, no le maten la magia a los viajeros en el tiempo que lean esto). Y así, pasando por la alegre y ascendente "Disc Dance of the Globbots", hasta la ambiental y melancólica "Valley of No Return", donde termina nuestro viaje de media hora.

 

Que bueno que antes mencioné a Telstar, otra obra suya, porque es la melodía definitiva de este movimiento gringo futurista positivista sesentero, con su arquitectura googie, cohetes puntiagudos y mujeres con poca ropa y tremendos peinados, flotando sonrientes en el espacio. Pero primero, cerremos la sesión de ouija del "I Hear a New World". Joe lanzó parte del disco, solo las primeras cuatro "canciones", en un EP de 7 pulgadas limitado a 99 copias. Incluso pensó en sacar una segunda parte, pero los conflictos con Triumph que les mencioné y su posterior partida mandaron todo al carajo. Pasaron décadas, 30 años para ser casi exacto, para que RPM, sello de la discográfica independiente Cherry Red Records y que no cacho como tuvo acceso a las cintas, publicara el disco en su integridad. La versión que traigo viene con material adicional, para que no demuestre pobreza, como dice mi mamá: unas entrevistas a Joe Meek donde habla un poco sobre la historia que les conté. Cualquier diferencia con mi versión, él está equivocado.

Ya, retomando lo de Telstar, este tema de The Tornados lo definió como compositor de la era espacial, lo que es raro, considerando que los Tornados solían tocar volás onda The Shadows, como ese western de guitarra y surf rock instrumental. De hecho eran rivales, como Los Beatles y Los Rolling, o los escoceses y otros escoceses. Para mayor vanguardia, el tecladito que suena es un clavioline, una suerte de padre o algún pariente en primer grado del sintetizador. Pero alguien en Francia no estaba feliz con el éxito de Telstar. El compositor Jean Ledrut acusó a Joe de plagiarle su "La Marche d'Austerlitz" de la película Austerlitz, que salió el mismo 1960, mientras que Telstar debutaría dos años después. Por esta demanda, Joe no pudo recibir regalías por Telstar hasta 1967, lo que perturbó aún más su frágil estado mental. Acá hay dos problemas a considerar, y vuelvo con los puntos: 1) La Marche y Telstar suenan MUUUY parecidos. Mucho.

 Para muestra un botón, decían los abuelosaurios.

 


 PEEEERO 2) Meek no sabía que Austerlitz llegó a Reino Unido recién en 1965, por lo que era imposible que él hubiese escuchado la banda sonora antes. ¿En un viaje a Francia, dicen? Nunca lo hizo. ¿Lo escuchó en Youtube, dice alguien allá atrás? Ándate a la conchetumare. Pero el pobre Joe nunca supo de eso. Y esa espina se le gangrenaba en el cerebro.

Su paranoia crecía. Una vez acusó al cochinón Phil Spector, a pito de nada y en plena conversa amistosa, de estar robándole sus ideas, a pesar de que sus técnicas de edición eran muy diferentes (Spector es el padre del "muro de sonido", ese mamut orquestal que se escuchaba en la música pop sesentera, y difiere harto del recortar y pegar eterno de Meek). También, en una nota más ligera, grababa sonidos en los cementerios para escuchar a los muertos y más de una vez quiso grabar la voz del difunto Buddy Holly. Las anfetas poco ayudaban. Como dije, su paranoia crecía y no paraba.

Un 3 de febrero de 1967, la casera del estudio improvisado que alquilaba en 304 Holloway Road le alegó por el ruido de su piso. También porque le debía 14 meses de la renta desde hace mucho. Tiempo antes, Joe le había quitado una escopeta con cartuchos al bajista de los Tornados Heinz Burt, quien la usaba para matar pájaros mientras andaba de gira. Junto a Meek estaba su asistente Patrick Pink. Él prefirió quedarse en el primer piso para eludir la discusión. En el segundo piso, dentro del estudio, Joe estaba confundido y agobiado por su constante delirio de persecución. La discusión aún no terminaba cuando Patrick escuchó un trueno. Vio el cuerpo de Violet Shenton, la casera, caer por la escalera, muerta de un tiro de escopeta. Apenas Patrick la tomó en sus brazos, un segundo disparo estalló desde el estudio; esta vez Joe Meek. Se suicidó de un tiro en la cabeza.

Tres semanas después, la corte falla a favor de Joe y puede volver a cobrar regalías por Telstar. 


Fue un viaje triste, pero hay mucho más allá de esta historia de altibajos. La vida y obra de Joe Meek es bien interesante, búsquenla por ahí, porque cacharán que biógrafo no soy porque hago las weás gratis y escribo en un lapso limitado de tiempo antes de irme a acostar para continuar con mi extenuante vida de vendedor de retail de día y escritor enmascarado de noche. Bueno, mientras tanto, disfruten de esta joya que a estas alturas ya parece ser retrofuturista, sobre un futuro que no vivimos y ya no nos tocó. Pero  ¿que se pierde con imaginar? ¿Acaso no es este mundo horrendo el fruto de la imaginación distorsionada de otros y muchos más? El resto podemos soñar uno nuevo, miles nuevos, y vivir en ellos gratis. Usen opio, usen meditación, usen la escritura, nadie nos puede negar a usar la herramienta de creación masiva más grande del mundo animal.

¡FELICES FIESTAS Y PRÓSPERO SOL INVICTUS Y AÑO NUEVO!

Con amor, Alsophocus.

viernes, 3 de diciembre de 2021

Estradasphere - Palace of Mirrors (2006)

 Traigo noticias bacanes. Fui al pichiologo y estoy libre de cálculos, el colesterol estaba rozando lo peligroso, pero decente, y no me tendrán que cortar la tula. No completa, al menos. Pero la mejor noticia, la de verdad, la que ocupa la mitad del horario del noticiero antes de las de perritos y después de los cogoteos, es que hoy (casi) se cierra un ciclo. El ciclo del eterno retorno se muerde la cola y rueda colina abajo por la Historia. ¡Hoy subo el último disco de estudio que me faltaba de EstradasPHEREEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEEE!


 

Como siempre, no les vengo a vender, les vengo a regalar para los que esperaron (nadie) y los que vienen recien sintonizándose (nadie) una maravilla de la fusión musical, porque llamarla rock progresivo o rock fusión limita mucho las cosas con Estradasphere. Eso lo aprendí con el tiempo. Hablando de tiempo sí, usa mucho los tiempos del rock, pero estos Victor Frankenstein de la música toman tanta melodía, tanto ritmo, de tantas partes que te entregan una maravillosa macedonia bien presentada, en vez del paquete de frutos secos surtidos que otras bandas, no menos buenas, entregaron en los 90 y 2000, refiriéndome a la cúspide de la fusión de la Costa Oeste gringa. Me limito al área por su locación, con el resto del mundo no me meto porque salgo quemado y sabiéndolo muy bien.

El año es 2006. Si tienen mi edad, estabamos en el liceo y pensábamos, como muchos, que Guns n Roses y Rata Blanca eran el tope de la música "inconformista", "no de moda". Já. Es verdad, muchos lo pensábamos. Bueno, yo no pensaba eso de Rata Blanca, nunca me gustaron esos wimpies (ah, pero esos wimpies de Mägo de Oz "si se podían ver"...), pero siendo uno un adolescente pollo que va descubriendo el mundo más allá de la esfera familiar, se avanza lento. Es por eso que, para mí y estos otros coetáneos, conocer algo más elaborado era difícil. Por eso muchos sin el primo snob o el tío que escucha weás raras al que los sobrinos respetan, pero los adultos eluden, no pudimos saber que weá fuera de lo común pasaba en los 2000s en la escena musical gringa, exceptuando las locuras del señor Patton. Con el tiempo, nos convertimos en ese tío. Pero no me distraigan de la weá.

El año es 2006, otra vez. Estradasphere, esta bandaza que recordemos la conformaban Timb Harris (violín, trompeta y voz), Tim Smolens (bajos y voz), Jason Whooley (sax y voz), Dave Murray (batería), Jason Schimmel (guitarra, otros de cuerda y voz) y Lee Smith (percusiones), había lanzado tres discos bajo Mimicry, el sello de Trey Spruance, a quien conocemos como la cabeza ideológica de los Secret Chiefs 3. Bajo esta mancomunidad, varios cabros de la banda tocaron y grabaron con los SC3, otros hacían de sesionistas en otras bandas. Las giras no paraban. Los cabros viajaban al extranjero llevando su música balcánica/surf/jazz/metal y todas las weás que le puedan encontrar y hasta sacaron un DVD con uno de sus conciertos/exhibición cinematográfica, trayendo del mundo de los idos a Dave Murray, que se había ido después del Buck Fever para iniciar su propio proyecto, llamado The Deserts of Traun, un disco conceptual de narrativa musical muy inspirado por los cómics de Moebius (hace años había un videomix de su disco The Lilac Moon en Youtube y lo bajaron, pero les hablo del 2009, mahoma. Ahí se veía lo que les digo). Dos años antes, en 2004, un año después de sacar Quadropus, Whooley también deja la banda y se enfoca en su proyecto Whoollicious. Ni cortos ni perezosos, la banda los reemplaza por Kevin Kmetz (guitarra y teclados) y Adam Stacey (acordeón y otros), que pasan a formar parte del inventario. Pero algo pasó el 2005 que (no tengo idea por qué, no encontré información al respecto en la pajera búsqueda que hice entonces y ahora) su excelente DVD Passion for Life es el último trabajo audiovisual con Mimicry y se lanzan con The End. Adelantándome un poco, me pregunto ¿por qué las bandas van a morir a The End? Sleepytime Gorilla Museum hicieron exactamente lo mismo. ¿Es por el nombre?

Entonces, el año es 2006. Ahora sí que lo es. O quizás 2005. Los chiquillos se reunen y pulen composiciones que han probado en vivo y en estudio. Nunca hubo un plan temático en los lanzamientos, pero visto desde lejos, los árboles parecían un bosque y el bosque parecía dibujar un patrón. En It's Understood, los Estradasphere tiraron toda la carne a la parrilla en cuanto a lo que sabían y podían tocar. Todo lo que se vería después, pero en una amalgama muchas veces cómica, casi pastichista, de fusión extrema a la Mr. Bungle en instrumental. Buck Fever hace malabares con jazz y metal a varias manos, con una edición bien limpia y una exploración del potencial del hombre como máquina tocadora de música. Quadropus relaja la raja, muestra varios estilos, pero suele equilibrarse en dos o tres por tema, con una buena dotación de pop entremedio. ¿Qué falta ahora? Los cabros son músicos bien entrenados, cada uno un capo en su área. Murray metía el metal (cuando estaba), Harris lo gitano y balcánico, Smolens toda la influencia que tomó de Brian Wilson y así. Ahora, quizás, solo quedaba implosionar. Quizás siempre fue la idea. Una supernova de todo lo que habían hecho y lo que faltaba. Y así nace Palace of Mirrors.

Los discos de estudio de Estradasphere son caleidoscópicos, como dije y como hemos oído. Pero pocos tuvieron el encanto, la elegancia y eclecticismo del Palacio de los Espejos. Pasada la breve introducción electrónica bien titulada Intro, entran violín, viola y cello con un timbal que presentan el tema que le da nombre al disco. Una composición orquestal que roza entre lo clásico, el baile de salón (pongámosle que como un muy dramático Johann Strauss II) y quizás banda sonora, por la cantidad de ánimos y sensaciones que transmiten los pocos, aunque intensos quiebres. Belleza no le falta. No obstante, es una pieza comprometedora, porque abre tan magníficamente que queda preguntarse ¿y el resto lo supera?

O sea, si esperas otro vals o que de pronto se saquen un Haydn mutante de la manga, están cagando fuera del tiesto. Esto es el barrio chino Estradasphere, esperen la vuelta de tuerca. Y la vuelta de tuerca es lo que se viene. "A Corporate Merger" es de esas piezas clásica de la banda, o sea, en esa onda, con harta melodía gitana, saltos al heavy metal o al bossa nova, esa composición a ratos avant-garde y muchas veces de fusión impensable y un shamisen (instrumento de cuerdas japonés, con un sonido que cacharán apenas lo oigan solo sabiendo que está, sin siquiera verlo) que se encuentra bien cómodo entre los sonidos cíngaros. La escuchas y en sus 8 minutos que pasan volando ya sabes que hay un clásico fijo para tocar en vivo. Y hablando de tocar en vivo, y hablando de violines barrocos, y hablando de clásicos, llega "The Terrible Beautypower of Meow", una pieza tan bacán como su groso nombre. La parte de los violines es una maravilla cuando entra la guitarra, en serio. Es tanto chistoso como tierno. Termina un dramático crescendo de violas y bam, guitarra surf. Y las percusiones muy intensas, muy en la onda Beach Boys experimentales. La única imperfección que tiene esta composición es su duración: los 4 minutos vuelan. Pero puta que es recargante. Y como es una pieza sobre un gatito y el "bellopoder" de su miau, es el tema principal de Shub-Niggurath, mi bebé gatuna.

La onda surfer, junto con un montón de cambios drásticos de atmósfera y estilo, se deja oir en "Colossal Risk", una bestia que combina música de películas de espía, jazz, surf rock y nuevamente el aire sutil de la bossa nova que aparece cuando menos lo esperas. La pieza siguiente es rara, un cúmulo de percusiones vanguardistas, casi como esa fase media noise y tétrica que tuvo Universe Zero en los 2000... o cualquier banda industrial primitiva, para no rebuscar tanto, pero quiero saltarme al tiro a la pieza brutal del disco. Una pequeña belleza llamada "Smuggled Mutations".

"Smuggled Mutations" tiene una suerte de historia, que supe hace poco (tener a Tim Smolens en Facebook y tener aun Facebook sirvió de algo) y me ayudó a entender la historia pasada de los Estradasphere. Resulta que, como muchos guiños balcánicos y gitanos que usa la banda, la melodía original es folklórica, pero el arreglo, retocado posteriormente por los cabros, viene del trabajo de Fishtank Ensemble, una banda californiana de música gitana que no se queda corta en talento. Así que Estradasphere toma esta Suite Romanie, acorta un poco el intro emplumado y, con violín, un címbalo húngaro y la tuba, entra el cuerpo rítmico y melódico de "Smuggled Mutations". La pieza original, como toda la música gitana buena, es acelerada y festiva, como pocas del catálogo de Goran Bregovic, pero si algo nos ha enseñado la música en el siglo XX es que, si se puede hacer más rápido y meterle más, ¿por qué no hacerlo? Sí, a veces mejor no hacerlo. A veces no funciona. Pero Estradasphere, la banda mutante, sabe mutar este "contrabando".

Timba Harris es la encarnación del diablo tocando el violín. En youtube está el video en vivo y me cago en como ese weón puede tocar sin fallarle. Quizás a veces se comerá una nota, quizás dos, pero nunca se notan al punto de desteñir. El weón es Paganini en lo rápido, aunque no le aplica a octavas tan alejadas. Aun así mi amor para él. Y para la banda por liberar a este Godzilla gitano metalero.

Pero volviendo a la vida real, "Six Hands". Nada que decir, en realidad. Un vals oscuro cuya melodía es la misma que acompaña la cola de The Dynasty en el ya posteado Orange Tulip Conspiracy. Igual no es que no sean la misma banda. Así que pa menos paja, ahí viene "The Debutante". Es chistoso, porque cumple lo que promete: suena a swing blanco para fiesta de graduación gringa. Tiene una serie de variaciones bien sabrosonas y un relleno de batería piola por ahí, muy solapados por la orquesta, pero bacán. Su antítesis es la oscura "Flower Garden of an Evil Man", que abre con unos drones muy dark ambient, hasta que la guitarra presenta la historia al ritmo del metal industrial con un sintetizador o algún órgano que me da paja buscar que parece tocar free jazz por su lado. Al menos, en la segunda mitad, la batería si da tumbos por los rítmos sincopados y los monolíticos del metal.

Si no es porque lo escucho ahora, me olvido del segundo plato étnico y el tercer plato fuerte del disco. Una piececilla llamada "Those Who Know...". El ostinato del shamisen le da un aire oriental a la introducción, lo mismo el violín, pero como la banda nos ha acostumbrado, luego cada uno saca a lucir lo suyo más con géneros dispares que con velocidad o acordes imposibles. Algo de funk, algo de metal y un bienvenido giro al aire de banda sonora de western italiano, con sus ritmos cabalgantes, percusiones explosivas, violines dramáticos, coro masculino y los infaltables bronces de falso mexicanismo de las películas viejitas de "cogoys", como les decía mi papá cuando chico.

Para cerrar, Palace of Mirrors reprise es una reconstrucción del original con un tiempo más bajo, diferente orquestación y un aire más relajado, aunque no menos dramático cuando quieren. Pero el cierre verdadero lo pone "The Return", una pieza de metal fusión con todos los ingredientes usados en el álbum, casi como una retrospectiva al mismo disco y a sus primeros trabajos. Raro no haber cerrado con la pomposidad del reprise, pero si lo pensamos de esa manera quizás no es tan mal cierre. Y si ya escucharon a los OTC, habrán notado que tiene mucho de Ignis Fatuus y alguna otra pieza del disco homónimo. Bueno, no es pecado reinterpretar lo propio.

¿Y qué pasó después?, se preguntará el único lector no dormido. Pues que las giras siguieron y que los proyectos personales ganaron. Ya eran más de 10 años juntos; el equipo se había consolidado bien y, como en esa escuela llamada King Crimson, cada alumno nuevo, cada talentoso alumno nuevo, salía aun más entrenado para realizar sus sueños a su público fiel de 50 pelagatos. Refiriéndome a los de los miembros de la banda, claro. Los fanáticos de Estradasphere seguimos los pasos de varios, como mencioné por ahí. Algunos satisficieron los gustos de sus viudos, otros exploraron caminos divergentes a los de la manía bungleiana, otros volvieron a operar desde las sombras, con otras bandas. Otros regresaron con sus familias. Es curioso, porque nunca han sido una banda de gran referencia, como lo es Mr. Bungle, una gran influencia para ellos en sus inicios, pero en quienes los siguieron o dieron de bruces con ellos siempre dejaron una impresión. Muy positiva, en mi caso, como habrán notado en los posts casuales desde hace 10 años, o muy negativa, como en esta carta abierta de odio a la banda que escribió un tipo que los escuchó en vivo y los odio tanto que le puso letra a Dubway aludiendo a que "tocar rápido y mezclar mil estilos no significa que sea bueno". Weá de él. ¿O quizás no?

Ustedes saben, siempre lo he dicho y nunca lo he negado, que no soy muy ducho en teoría musical. He ido aprendiendo algo por los años, pero sigo sin agarrar lo técnico. No obstante, como ciudadano de bien que sabe combinar su ropa, no cae en los cebos comerciales de la moda y puede reconocer canones estéticos hegemónicos y populares, puedo dar mi parecer sobre lo del "tocar rápido y mezclar mil estilos" del amigo. No soy muy amigo del tema de la técnica rápida, pero depende del contexto. Por ejemplo, amo la rapidez y la destreza del bluegrass, la velocidad, memoria muscular y fuerza para tocar el banjo y hay una emoción de por medio detrás. A veces me eleva, a veces me alegra. En cambio, dedos rápidos como los de Yngwie Malmsteeen o como chucha se escriba su nombre o cualquier guitarrista de speed metal no me provocan nada. Hay técnica, si, como puedo verla en Adrian Belew, Steve Howe o cualquier otro iluminado del rock progresivo clásico, pero cuando escucho y mi mente rara analiza y decodifica la pieza, veo todo como un edificio en construcción. Literalmente. Perdón lo raro, pero eso me pasa. Veo y admiro la técnica, la innovación y la creatividad, pero con los guitarristas acelerados del metal que mencioné antes no siento alma, no veo un edificio hermoso, solo un montón de rosetones, decoraciones barrocas y gárgolas en pilares, en pilares decorados que solo sostienen adornos y ningún techo... eso me pasa siempre cuando ese músico es la "estrella" de la banda, cuando todo lo que se tenga que mostrar depende de él.

Espero haberme explicado un poco claro con eso. Obviamente, como esto es un tema de gustos está claro que hablo desde mi percepción y que, para los académicos, yo esté tremendamente mal. La cosa es que sí, Estradasphere tiene músicos con buena memoria, buenas habilidades prestidigitadoras, y hacen un menestrón con todo lo que se les ocurra, pero no notas a un figurita por sobre los otros, no hay rivalidad, solo la fuerte intención de decir "nos gusta mucho la música, ¿por qué no tocar de todo lo que nos gusta?" Y lo hicieron en un batiburrillo como en el primer disco y lo hicieron de forma ordenada, como en Quadropus. Pero nunca presumieron de ser buenos. De hecho, el mismo loco de la carta dice que habló con Harris y que era re tela, como cualquier persona que nunca hubiera hecho giras por EEUU y Europa. Si los fanáticos los consideramos buenos, es por un tema de sinergía grupal y de originalidad. California, siempre ha dicho, ha criado a muchos músicos de fusión, pero cuando los juntas y comparas ves miles de diferencias. Y Estradasphere destaca entre varios cuando vez el resultado. Ahora, ya que también criticó el sentido de humor musical y de puesta en escena en comparación con los Bungle, es una comparación equivocada. La comedia se compara cuando el contenido y el medio, pero Estradasphere nunca buscó el shock que Mr Bungle encontraba. Era más un humor ridículo, medio infantil. O en perspectiva, MB serían Richard Pryor y Estradasphere Emo Philips. No hay manera de comparar a ambos comediantes, pues son puras diferencias.

Como sea, la carta culia era eterna y no la leí completa. Me la encontré estando ocupado y la vida siguió ocupada. Pero si la leen y la cagué, me avisan. Ah, pero no sin antes llevarse esta joyita. Me da un poco de pena cerrar el ciclo de Estradasphere (me falta un parcito, pero no puedo pasarlo al PC), aunque este año se ha tratado de eso: cerrar ciclos, abrir nuevos y cerrarlos otra vez. Retomé, cerré y retomé otra vez. Algo que agradecerle a la pandemia fue haberme traído de vuelta a este antro para cerrar la gran deuda que dejé cuando lo abrí. Y paso a paso, post a post pajero, lo conseguiremos.